Tenemos una plaga de madrileños

Alcaldes ojo avizor, coches que viajan furtivamente de madrugada, grandes atascos en las carreteras de salida de Madrid el miércoles por la tarde. Cuando a) Madrid es el principal foco del covid-19 en España y b) todo el mundo lleva más de tres semanas confinado en sus casas y c) ya han muerto más 15.000 personas por el virus, miles de habitantes de la ciudad de Madrid pretenden coger el coche para pasar unas breves vacaciones de Semana Santa en su segunda residencia, que puede estar en Segovia, en Benidorm o en cualquier otro punto del país. Eso es lo que ha dicho la prensa al principio. Luego se ha visto que no era para tanto, que parte de la información se basa en la rumorología, por ejemplo de vecinos chismosos de pueblos de la sierra o de la costa que dicen que han visto a madrileños en la cola de la carnicería.

Informaciones parecidas, de invasiones de bilbaínos o barceloneses, se pueden leer en todos los periódicos digitales. Se ha provocado un cambio de actitud en los naturales del lugar con respecto a los visitantes de la gran ciudad. Tradicionalmente, alguna tensión siempre ha existido entre los del pueblo y los veraneantes (palabra que no se utiliza desde 1960 aproximadamente). Era clásica la incursión para molestar a los foráneos jugadores de tenis, por ejemplo. Pero lo de ahora es distinto, porque ahora los veraneantes son portadores de la plaga.

Un mapa de la tasa de contagios en Europa muestra con toda claridad como el virus se ha expandido con furia en el gran eje de riqueza que va de Londres a Milán, pasando por París, Bélgica, el curso del Rhin, Zúrich y Múnich. El mapa muestra Estocolmo y Helsinki como focos importantes. En la península Ibérica se muestran tres focos importantes: Bilbao, Barcelona y Madrid. Mirando la tasa de contagio provincial, da la sensación de que depende de la distancia a estos tres focos. Soria, que tiene la mayor tasa de España, está a medio camino (algo de de 200 km de distancia) de Bilbao y de Madrid. Galicia y Andalucía, así como Portugal, a más de 400 km de distancia, se han librado de lo peor. Por el contrario, Castilla-La Mancha y Castilla y León, dos enormes regiones con una densidad de población muy pequeña, tienen elevadas tasas de contagio. Hay derecho a pensar que la transmisión del virus ha dependido, en buena parte, de los visitantes procedentes de Madrid. Eso parecen pensar las autoridades, que el primer día de las vacaciones de semana santa organizaron controles férreos en todas las salidas de Madrid, hasta el punto de provocar importantes atascos.

Los mapas de densidad de contagios son cuestiones de epidemiología, y cuando salgamos de esta (Insha’Allah) lloverán los detallados estudios que nos mostrarán lo que ocurrió realmente. Lo de tener que poner nutridos grupos de policías (capitaneados por el alcalde) en las salidas de Madrid para evitar salidas no deseadas e ilegales tiene que ver con otra ciencia, la sociología urbana de andar por casa en versión de madrileñología. Aquí se juntan muchas cosas: el deseo de imitar a los ricos de antaño, que tenían segundas residencias, aunque las visitaban con menos frecuencia, el coche utilitario, que permite multiplicar el ritmo de visitas, lo que Alexander Mitscherlich llamaba inhospitalidad (Unwirtlichkeit ) de nuestras ciudades y la autopolisfobia (fobia a la ciudad en la que vive uno) como actitud social aceptable.

Aunque el fenómeno de la autopolisfobia , se da en todo el mundo, en Madrid se da con mucha fuerza. Se diría que hay dos tipos de urbanitas, los que viven en la ciudad sin más y los que solo creen que solo viven realmente cuando están fuera de ella. Estos últimos dan una luz distinta a la máxima del doctor Johnson (“Quien está cansado de Londres, está cansado de vivir”). Estas personas, que son una buena parte de la población de Madrid, consideran lógico conducir durante 24 horas (que es lo que dura la ida y regreso desde su casa a su segunda residencia, contando con los atascos) para pasar 24 horas en la playa o en la montaña, en cualquier lugar que no sea la insufrible ciudad en la que viven.  Este fenómeno, que alegraba a los vendedores de gasolina y a los hosteleros de la provincia de Alicante, se ha convertido en una gran amenaza por mor de la pandemia del covid-19. La gran ciudad es como una jaula de grillos a punto de saltar por sus costuras, expandiendo la plaga.

 

 

Asuntos:

Tochos:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.