1945 – 2020: el Antropoceno ha durado 75 años justos

Una instalación sobre la pared de un edificio municipal en San Sebastián. Las escalas de madera son las usadas por los inmigrantes para trepar la valla que rodea a los países ricos. Nótese la señal de prohibición de escalar puesta debajo por si acaso.

“La mayor calamidad a la que se enfrenta el mundo desde la segunda guerra mundial”, dijo António Guterres, el secretario general de la ONU, el 1 de abril de 2020. Antes que él, decenas de estadistas habían dicho lo mismo. Parece que la primera imagen que acude a la mente, cuando se trata de comparar con otro episodio histórico la gran adversidad que supone la pandemia del coronavirus, es algo tan devastador como la segunda guerra mundial. Da la sensación de que la crisis mundial del covid-19 es el cierre de una época que empezó en 1945, cuando las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki crearon un extraño nivel de arena vitrificada que los investigadores han identificado como el primer estrato marcador del Antropoceno, la breve era geológica que termina ahora y que se caracterizó por una intensificación tan acelerada de la producción y el consumo que puso al planeta contra las cuerdas.

Un montón de comida tirada en la calle, una escena típica en las ciudades europeas durante el Antropoceno.

Tres cuartos de siglo (1945-2020) identificables por cambios muy importantes en la composición de la atmósfera (aumento de la concentración de CO2 y también, en menor cantidad, de otros gases venenosos, como los óxidos de nitrógeno), nuevos estratos de desechos plásticos y basura en general, tanto en tierra como en el mar y otros cambios identificables a escala geológica, como masivos movimientos de tierra, construcción de edificios de más de medio kilómetro de altura, etc. Aproximadamente la mitad de la humanidad formó una sociedad de consumo avanzada capaz de producir casi una tonelada de residuos sólidos por persona al año, y de quemar tres o cuatro toneladas de petróleo también por persona (directa o indirectamente). La pauta de movimientos de esta mitad del género humano era prodigiosa, con cerca de 20.000 kilómetros recorridos por tierra, como media anual, y dos o tres viajes de larga distancia por aire, algunos intercontinentales. También disponían de alimentos y mercancías traídos de todos los confines del mundo, como fruta transportada en reactor a 12.000 km de distancia.

Hilos de colores en una tienda, una escena pre-antropocénica, de cuando la gente reparaba su ropa e incluso se la confeccionaba.

Esta gran época, el Antropoceno, fue una consecuencia directa de la segunda guerra mundial. La primera (1914 -1918) también fue una guerra total, que movilizó a una escala sin precedentes los recursos de los países en lucha, pero tras el armisticio toda esa furia de producción y movilización se apagó, los gastos militares se redujeron a una fracción y el mundo intentó volver a una cierta normalidad. No ocurrió lo mismo tras la segunda guerra mundial. Los gastos militares siguieron siendo enormes y crecientes, y las megaproducciones desarrolladas durante la guerra –desde la distribución masiva de Coca-Cola a los plásticos o los pesticidas sintéticos– siguieron creciendo a toda máquina. Esta intensificación disparada por la guerra se aceleró paulatinamente, acicateada por la consigna central de la economía mundial, capitalista o socialista: el crecimiento por encima de todo. A comienzos del siglo XXI la máquina comenzó a griparse, con un ciclo de guerras interminable y creciente, una gran recesión que comenzó en 2008 y aún no ha terminado, y lo que se llamó, a fines de 2019, la sindemia global de obesidad, malnutrición y cambio climático. A finales de 2019 se alcanzó un consenso mundial sobre los 17 ODS (objetivos de desarrollo sostenible), que pretendían enmendar los aspectos peores de la intensificación del Antropoceno, luchando por el fin de la pobreza y de la crisis ambiental mundial. Y entonces llegó la pandemia del covid-19, lo peor que ha ocurrido desde la segunda guerra mundial. La intensificación  de la producción y el consumo se paró en seco, la movilidad terminó, el aire se limpió de contaminantes. 2020 está dejando una huella geológica bien marcada en los estratos, la huella del fin del Antropoceno. Todavía no sabemos como se llamará la época geológica que lo sucederá.

Marciano Lafuente

Asuntos:

Tochos:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies