Es imposible adoctrinar a los escolares

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¿Cómo funcionaba el adoctrinamiento infantil en la última dictadura? Pues francamente mal, a juzgar por los resultados. Lejos de formar una generación educada en los principios del Movimiento nacional, remachó el carácter ridículo del franquismo y preparó eficazmente la transición a la democracia. El Régimen tuvo en sus manos millones de preadultos durante décadas y no consiguió nada. En caso contrario, Alianza Popular habría obtenido mayoría absoluta, y en su lugar ganó el centro cauteloso de la UCD, que dio paso poco después a la mayoría absoluta del PSOE. Un desastre de adoctrinamiento.

Los escolares del franquismo debían soportar una asignatura completa dedicada a verter sus tiernas mentes en el molde de la Patria, la Jerarquía, el Ejército, la Falange, etc., llamada FEN (Formación del Espíritu Nacional), y tenían otra asignatura completa dedicada a la Religión. No sirvió de nada. Todo aquello resbaló como lluvia de primavera por las impermeables mentes escolares, que siguieron a lo suyo.

Lo que sí afectó profundamente a los niños y adolescentes fueron sus maestros cuando hablaban off the record. Por ejemplo, cierto cura encargado de la clase de Religión repetía “Este autor es tonto” mientras blandía el libro de texto de la asignatura y señalaba alguno de sus errores. Aquello cayó como una bomba en su público de adolescentes, que hasta entonces habían creído a pies juntillas que todo lo impreso en letras de molde era sagrado y era verdad. Este cura, tal vez sin saberlo, sembró la semilla de la duda y el librepensamiento con enorme eficacia.

Los maestros, con su ejemplo, nos enseñaban cosas (buenas o malas) que nunca se borraron de nuestra memoria. Los contenidos de las asignaturas, y más las de adoctrinamiento, entraban por un oído y salían por otro. La reciente kulturkampf del llamado pin parental se basa en el supuesto de que los niños serán profundamente afectados por ciertas enseñanzas y actividades, por ejemplo acerca del respeto que se debe a las personas LGTBI. Por desgracia, no es así.

Los niños escucharán lo que les digan como el que oye llover, a no ser que algo realmente interesante sea ofertado a sus mentes. No es probable que un contenido curricular oficial contenga nada interesante. Como decía doña Sarita, cultura es lo que nos queda cuando olvidamos lo que nos enseñaron en la escuela.

Marciano Lafuente

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