La protesta de la España Repleta

 

La España Repleta es la gran ciudad, especialmente su centro. Un buen ejemplo es el distrito Centro de Madrid, donde el Ayuntamiento ha tenido que instalar paneles luminosos en dos calles especialmente repletas (Carmen y Preciados) para ordenar el tráfico peatonal. Cuando hay mucha afluencia de público, Carmen solo admite peatones hacia la Puerta del Sol y Preciados solo les permite caminar hacia la plaza de Callao. No es un capricho municipal, la medida la implantó la corporación de Carmena (izquierdista) y la actual corporación de Almeida, derechista, ha tenido que re-implantarla porque si no la Policía Municipal preveía colapsos peatonales muy peligrosos. Decenas de miles de personas encajonadas en un espacio reducido son un peligro potencial enorme si algo sale mal, como sabe muy bien Protección Civil.

En esta zona atiborrada de personal pasean felices los que van al centro a ver las luces, que proceden de todas las partes del mundo. Un sector de ellos, los que vienen de lugares menos abarrotados de nuestro país, no pueden resistirse a hacer el clásico comentario: “El centro, para unas horas, pero donde esté la tranquilidad de mi pueblo… A continuación viene otra frase clásica, dirigida a los naturales del lugar: “No entiendo como podéis vivir así” y un gesto de la mano indicando lo que se entiende por “así”: ruido, delincuencia, hacinamiento, suciedad, etcétera.

Ahora imaginen a un pijo del centro diciendo en público ante los habitantes de una zona tranquila a la que se ha desplazado: “El campo, para unas horas, vale, pero donde esté la animación de mi calle… ” Y a continuación, haciendo un amplio gesto circular con la mano: “No entiendo como podéis vivir así”, mientras pasa por delante un arbusto seco llevado por el viento. Esto es inimaginable. Los pijos del centro, fuera del mismo, se comportan con exquisita corrección, dejando a entender lo maravilloso que es todo comparado con su vida de suciedad, ruido y hacinamiento. En realidad aprovechan la menor oportunidad para transmitir que les gustaría mucho irse a vivir a la España Tranquila, que si viven en la España Repleta es muy a su pesar, cosas del trabajo, la vivienda, etcétera.

La España Repleta no dice esta boca es mía, no organiza manifestaciones ni hace declaraciones exigiendo apoyo de las Administraciones. No pide más carreteras, al contrario, pide que se reduzca el tráfico en sus hacinados distritos. Esto desata la ira de la España Tranquila, que piensa que tiene derecho a meter su coche donde quiera, digan lo que digan los pijos del centro. La España Repleta carece por completo de representación política y de buena prensa, por ahora.

Marciano Lafuente

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