Por qué algunas personas votan al partido nacionalista español

Photo by Liam Desic on Unsplash

La respuesta corta es porque les da la gana, que este es un país libre y las papeletas están sobre la mesa para el que quiera cogerlas y meterlas en un sobre. La respuesta larga ocuparía miles de páginas o de minutos de podcast. Vamos a intentar algo intermedio.

En viejísimas democracias como la española, los votantes ya no se identifican con una fantasía, sino que son clientes de un partido o de otro por diversos intereses explicables, en parte por las promesas electorales, otras veces por coincidencias económicas o sociales, a veces incluso por sobornos puros y duros. Las fantasías electorales están tan difuminadas que casi no se ven, la honesta clase media laboriosa y de orden que representa el PP, la mítica clase trabajadora consiguiendo derechos sociales para el PSOE, los profesionales modernos que saben idiomas (Ciudadanos) y la gente solidaria, ecologista, feminista e internacionalista de Unidas Podemos.

El partido nacionalista español, por el contrario, lleva consigo una fantasía muy fuerte. Para empezar, es el partido de la gente dura y valerosa, que llama a las cosas por su nombre, es decir lo contrario del pijoprogre, la bestia negra de la derecha nacionalista española, asociado al flojo, también llamado blando o blandito, que sigue como un borrego todas las consignas de la corrección política. Hay bastantes personas a quienes les gusta tener la fantasía de que ellas son duras y firmes en un mundo blandurrio y cenagoso de relativismo moral, multiculturalismo, corrección política, etc. La fantasía principal, el sentirse Clint Eastwood en un mundo de pijoprogres babosos, se ve complementada con otras.

Una muy fuerte es que el votante del partido nacionalista español se gana la vida con su sudor, es decir, no recibe ninguna subvención ni paguita como los paniaguados de los restantes partidos. Se deduce que los muchos impuestos que paga van directamente a los bolsillos de los subvencionados. La fantasía aquí radica en que pocos de los votantes del partido nacionalista español pagan impuestos efectivos, pero les hace ilusión pensar que son contribuyentes perseguidos implacablemente por el fisco.

En fin, un partido de gente (que se cree) dura, firme, contribuyente, sólida y berroqueña, con los pies bien puestos sobre su tierra, su gente, su paisaje, su cultura, es decir España como patria perfecta y amenazada por los blanditos pijoprogres. Esta tremenda fantasía es cien veces más fuerte que las pálidas identificaciones políticas de los votantes de los restantes partidos, y solo se puede comparar en potencia a las fantasías de los votantes y seguidores de los partidos nacionalistas antiespañolistas.

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