Lo que dijeron del gobierno boliviano

25 de mayo de 2019, Chuquisaca: YPFB (Yacimientos Fiscales Petrolíferos Bolivianos) firma con Shell Bolivia acuerdo de intenciones para la exploración del pozo Yapucaiti. La puesta en escena es completamente anticonvencional, y más tratándose de un negocio petrolero: no se ve una corbata por ninguna parte, y los representantes del gobierno, Evo Morales incluido, visten coloridos ponchos tradicionales. Las tres banderas reflejan tres tradiciones culturales muy distintas. A la izquierda la wiphala que representa a los pueblos andinos originarios, cooficial en Bolivia. Se discute sobre su antigüedad  como símbolo incluso preincaico, su versión actual data del 1945. En el centro la bandera constitucional de Bolivia, llamada “la tercera bandera”, declarada oficial en 1888 sobre un modelo al parecer diseñado por el mismo Simón Bolívar en 1825. A la derecha, la bandera del Departamento de Chuquisaca es simplemente la antigua bandera monárquica y militar española, la cruz de Borgoña en rojo sobre fondo blanco, que data al parecer del siglo XIV. Foto del Estado Plurinacional de Bolivia, Ministerio de la Presidencia.

El 23 de enero de 2006 quedó al descubierto un hecho curioso: la República de Bolivia había sido gobernada durante toda su existencia por mandatarios extranjeros. En efecto, ese día tomó posesión el “primer presidente indígena” de la nación, es decir, según el Diccionario de la Real Academia, el primer presidente originario del país.

A comienzos de mayo de ese año, el gobierno boliviano (cumpliendo el mandato de un referéndum previo) decretó la nacionalización de los yacimientos de hidrocarburos. En los días siguientes algunos de los periódicos más influyentes de España calificaron así la decisión: anácronica pulsión radical, atávico agravio social, atraco, atropello, cocodrilera, complicidad totalitaria, comunismo rancio, delirio pupulista, espectáculo vergonzante, indiada, insensato populismo revolucionario, irrealismo económico, pedorreta, prevaricación, progresismo anacrónico, puro y anacrónico izquierdismo, rancia retórica antiimperialista, robo, sacar los pies del plato, simpleza demagógica, falsa legitimidad indígena, trasnochado izquierdismo, una provocación y un desacato (por orden alfabético).

El resto expresó diferentes grados de preocupación. Más experimentado, The Wall Street Journal avisó a Evo Morales acerca de las posibles “reacciones imprevisibles” desencadenadas por la nacionalización, que The Times concretó en un “golpe militar”.

¿Por qué ese furor? Sencillamente, porque Evo Morales (“un ladrón con jersey a rayas”) rompió una regla básica: los indígenas deben abstenerse de nacionalizar nada, y mucho menos los hidrocarburos. Mossadeg cometió ese error en Irán, en 1953, y fueron necesarios grandes esfuerzos para arreglar el entuerto instalando al Sha en el poder. Se entiende que un país avanzado puede nacionalizar lo que le venga en gana (aunque no está bien visto por los nuevos liberales), pero un país del tercer mundo no puede. No nos importa que labren la finca, pero deben recordar que sólo son arrendatarios: la propiedad es nuestra.

El 9 de mayo de 2006, el diario progresista El País publicó una entrevista con Jonas Gahr Stoere, ministro de asuntos exteriores de Noruega. En ella el ministro declaró con toda tranquilidad que “[En Noruega] la propiedad del gas y el petróleo es estatal, aunque operen compañías extranjeras. Eso sí, pagan un 80% de impuestos sobre sus beneficios”.

 

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