Emigrantes, inmigrantes, migrantes e inmigracionistas

Honoré Daumier: Los emigrantes. Museo Nacional de Suecia. Europeana.

Parte de la serie “Vamos a ver: guía del pensamiento cuñadista”

Los inmigrantes son siempre ilegales y vienen en oleadas o avalanchas, traídos por las mafias de trata de personas, con la ayuda de las ONG buenistas. Las avalanchas de inmigrantes están organizadas por una conspiración internacional (al parecer dirigida por el financiero Soros, cuyo nombre parece con frecuencia en el pensamiento cuñadista) que tiene como objetivo destruir la civilización occidental cristiana europea. Esa es la idea básica, y luego existen variantes y detalles. Si los inmigrantes ya están aquí, en nuestro país, hay que ficharlos, vigilarlos de cerca y a la menor infracción, ¡expulsión ya! a sus países de origen.

Los inmigrantes reciben cuantiosas ayudas sociales, tiene la casa pagada, una paguita (otro término habitual en el lenguaje cuñadista) para sus gastos y a veces teléfono, wifi y Netflix gratis. Por esta razón, los cuñadistas temen que no le quede dinero al estado para pagarles su pensión. Esta queja se repite mucho: “Han dejado entrar a doscientos inmigrantes, adiós a mi pensión” Incluso se usa a veces el término “robapensiones”. Muchas quejas se dirigen al empleo del dinero de los impuestos para atender a los inmigrantes para que vivan a cuerpo de rey, como se decía atrás (los cuñadistas son al parecer los únicos que pagan impuestos en este país).

Si la culpa originaria de la avalancha de inmigrantes la tienen las mafias de trata de personas (se da a entender que los inmigrantes son casi literalmente forzados a abandonar sus cómodas vidas en sus países de origen por las mafias), los siguientes culpables son los inmigracionistas, es decir, los pijo-progres. Organizados en ONGs, colaboran estrechamente con las mafias rescatando a sus cargamentos (se da entender que algún pellizco se llevan). Los pijo-progres en general que llaman migrantes a los inmigrantes ilegales y que opinan que hay que ayudarles y darles recursos para vivir reciben el exabrupto habitual: ¿por qué no los metes en tu casa? En ocasiones se detalla la capacidad de acogida de inmigrantes ilegales de la mansión de éste o aquel famoso pijo progre.

Al inmigrante ilegal no le servirá de nada legalizarse y nacionalizarse ciudadano europeo: su origen le perseguirá toda su vida. Los delitos cometidos por personas de los que no se dice su ciudadanía reciben instantáneamente el comentario: ¿nacionalidad? y la sospecha de ser inmigrantes ilegales. Si se dice que son franceses, alemanes o españoles, rápidamente se dice que en realidad son turcos, magrebíes o sudamericanos por su origen étnico, una mancha que no puede limpiar su pasaporte francés, español o alemán. En general los inmigrantes ilegales, para el cuñadismo, vienen a ensuciar nuestro hermoso país, van a empobrecerlo, a provocar violencia y caos y todos los males imaginables, incluyendo epidemias, religiones malsanas y música de poca calidad, como el famoso reguetón.

Ante el argumento clásico que esgrimen a veces los inmigracionistas –que no hace mucho eran los españoles los que emigraban, la mitad de ellos de manera ilegal– surgen inmediatamente voces indignadas que zanjan que no se pueden comparar ambas emigraciones, siendo la española ordenada, limpia y muy trabajadora, muy diferente de la violenta inmigración de saqueadores de la seguridad social que tenemos actualmente.

El asunto de la integración o asimilación de los inmigrantes cada vez recibe menos atención del cuñadismo, que últimamente lo que dice es lisa y llanamente que se les expulse a todos. Pero puestos a distinguir, hay una jerarquía bien marcada que comienza con los sudamericanos (llamados despectivamente machupichus o panchitos), sigue con los europeos del este (incluyendo los míticos gitanos rumanos y las famosas mafias albano-kosovares), continúa con los misteriosos chinos y orientales en general, (que seguramente algo esconden para ser tan poco notorios) y termina en los subsaharianos y los musulmanes , generalmente llamados negros e islamistas, con su peligrosa variedad magrebí. Se habla con desparpajo de personas con rasgos magrebíes, que es como si algún periódico francés hablara de rasgos ibéricos. Toda la inmigración es objetable, pero estas dos últimas variedades son rechazadas con horror por el cuñadismo.

Resta por ver como verá el pensamiento cuñadista a los británicos (actualmente son los segundos o terceros inmigrantes por número en España) cuando, después del Brexit, pierdan su condición de ciudadanos comunitarios. ¿Empezaremos a ver personas “con rasgos británicos” robando en las tiendas? ¡Expulsión ya!

Marciano Lafuente

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