Diez cosas que han cambiado (a mucho mejor) desde 2007

Doce años dan para mucho. En el remoto año de 2007, el último de vacas gordas, la vida era malsana y grisácea, sin la excitación que provoca la sensación de colapso inminente. Ahora sabemos que todo se va al carajo: la economía, la sociedad y el planeta en general, y los días brillan como nunca. Nuestra conducta ha cambiado en consecuencia ¿Qué cosas hacemos hoy que no hacíamos en 2007? Ahí va una escogida selección.

1. Antes: dábamos por sentado que un día seguía a otro día, que teníamos una especie de derecho inherente a disfrutar de la vida. Ahora: nos levantamos por la mañana con ánimo incierto pero renovado, recitando la antigua fórmula: “los Mercados han querido que vivas un día más”. También funciona lo de “hoy es el primer día del resto de mi vida.” Ya con un pie fuera de la piltra, nos metemos de lleno en un mundo incierto, en que solo triunfa la excelencia.

2. Un sueldo de 1.000 € al mes nos parece un sueldazo. Este benéfico efecto se llama técnicamente aumento de la competitividad. Como la gente gana menos dinero, se produce a menos coste. Lo mejor de todo es que los pisos se han puesto por las nubes, tanto en propiedad como en alquiler. En resumen, trabajar, se repite en los medios de comunicación, ya no inmuniza contra la pobreza. Se puede trabajar y ser pobre. Echa cuentas: sueldo, 800 euros. Alquiler de un cuarto, 700 euros. Gastos imprescindibles (pan, alguna lata de sardinas, etc.) 150 euros. Te quedas corto por 50 euros. Si ganas 1000 euros, en cambio, puedes ahorrar 12,35 euros al mes y con el tiempo reunir un capital.

3. Los nacionalismos resultan más interesantes que antes. Hasta 2007, no estaba claro para qué servían. Ahora se populariza la idea de que pueden servir para algo. Por ejemplo, tal vez si echamos a todos los indeseables del país (es decir, todos los extranjeros que no son turistas) quedaría más dinero para el resto. Es solo una idea, pero está recibiendo bastantes votos. En Cataluña, el mensaje es que España se queda con la pasta, ergo la independencia equivale a riqueza para los catalanes autóctonos.

4. Antes: los camareros nos miraban con displicencia mientras nos cobraban 35 euros por una de bravas y una caña. Ahora: todos los bares tienen captadores en la puerta y encontramos cantidad de gangas en bares y cafeterías. Por ejemplo: ración de jabugo y cubo de seis botellines, cinco euros. Mini y bravas, 3,5 euros. Zumo de naranja de 40 cl. gratis con el montadito de lomo.

5. Antes: echábamos los paquetes de comida distraídamente al carrito mientras pensábamos en otra cosa. Ahora: pasamos largos momentos de meditación trascendental ante las estanterías de los supermercados. Algunas cuestiones que nos atormentan: ¿Sale más a cuenta la lata de sardinas (de 55 gramos) a 0,98 euros o la de 90 gramos de peso neto a 1,83 euros? Si un sobre de plástico de cincuenta gramos de salchichón vale un euro, ¿a cómo sale el kilo?

6. Antes: leíamos las etiquetas. Desperdiciábamos tiempo y energías leyendo la lista de conservantes, saborizantes, espesantes, colorantes, gelificantes, etc, de nombres químicos bizarros o siglas E-xxx. Ahora: compramos lo más barato que haya sin atender a listas de ingredientes ni tonterías, nos guiamos por los dos principios básicos de la alimentación: “lo que no mata engorda” y “si no se mueve por sí solo, seguramente todavía se puede comer”.

7. Antes: intentábamos leer los periódicos, incluso a veces los periódicos impresos en papel. Pasando hojas y leyendo artículos. Ahora: ahorramos mucho tiempo y energías porque saltamos como liebres por los periódicos digitales repletos de aburridas noticias económicas y políticas,  y vamos directos a lo que nos interesa, por ejemplo el hallazgo de un calamar gigante en una playa australiana.

8. Antes: no estaba claro hacia donde íbamos, sonaban trompetas de muchos lados. Ahora:  sabemos perfectamente que vamos de cabeza al desastre mundial económico, social y ambiental, que la hucha de las pensiones está cada vez más vacía y que se terminará de vaciar, que el cambio climático nos abrasará en pocos años, que la UE se encamina al caos, etc.

9. Nuestra salud mental mejora, porque muchos diarios de derechas en internet hacen pagar por leer su sección de opinión. Se ha calculado que los beneficios de no leer las columnas y artículos de fondo de estos periódicos equivalen a dejar de fumar a edad temprana en términos de prevención del envejecimiento neuronal.

10. Antes: estábamos distraídos, encaramados en el guindo de los años de la mamandurria. Ahora: nos hemos caído del guindo. La cosa está clara: los ganadores están en guerra con los perdedores, y las posibilidades de la paz son terribles (1).

(1) De un libro de Kurt Vonnegut, Jr (1922-2007), un escritor norteamericano poco apreciado hoy en día que alcanzó cierta fama en el segundo tercio del siglo pasado (“The winners are at war with the losers, and the fix is on. The prospects for peace are awful.”)

Marciano Lafuente

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