¿Cómo se convirtió British Airways en una compañía ruandesa?

Foto: Pixabay

La historia comenzó hace un par de años, cuando un grupo de patriotas ingleses tuvo la idea de separar a Gran Bretaña de la Unión Europea, en el proceso que se llamó con el horrendo neologismo “brexit”, “cuando el Reino Unido se marcha de alguna parte”. Pero en realidad hay que remontarse algo más en el tiempo. Algunos años atrás, British Airways, la compañía que lleva orgullosa la Union Jack en las colas de sus aviones, había entrado en dificultades financieras y, tras miles de reuniones de altos ejecutivos y el consumo de cantidades ingentes de vino español y cerveza inglesa, se tomó la decisión de absorber a Iberia, la compañía de bandera española, recientemente privatizada y con una cuentas saneadas, formando así el monstruo llamado IAG (International Airlines Group), con sede en Londres y capital mayoritario británico.

Durante años, pues la fusión duró mucho tiempo, la prensa británica publicó artículo tras artículo con la nariz arrugada ante la perspectiva de un matrimonio entre iguales entre la olímpica British Airways y la panderetera Iberia. Resulta que (otra remontada temporal, esta vez hasta 1920 aproximadamente) British Airways vino al mundo con el nombre de Imperial Airways, y hasta la segunda guerra mundial transportó de un lado a otro del Imperio británico, el mayor del planeta, a los administradores civiles y militares de tan extensas posesiones. En este sentido Imperial Airways (y su sucesora British Airways) era un elemento tan esencial de la nación británica como la Royal Navy. Pero llegó el brexit, y automáticamente IAG se convirtió en una trampa. Con UK fuera de la UE, IAG (es decir British Airways, Iberia, Aer Lingus y Vueling) perderían todos sus privilegios para volar y operar en Europa continental. Un verdadero desastre. La solución consiste en tunear el accionariado de la compañía hasta que España tenga algo más del 50%, así como pasar la sede social a Madrid, de manera que IAG y su compañías pasarán a ser más españolas que el gazpacho, y tendrán derecho a volar a sus anchas por Europa.

La terrible consecuencia de este movimiento financiero es que British Airways pasa automáticamente a ser más española que el marmitako. Pero hay más. La decisión del gobierno español de incluir un relator (una especie de testigo de postín) en las negociaciones con el gobierno catalán han despertado la furia del nacionalismo español. La palabra “relator” ha funcionado como los huevos gigantes con pintas funcionan con las gaviotas que están empollando, como un superestímulo imposible de pasar de largo. La comparación es adecuada, porque el mecanismo mental del nacionalismo es idéntico al de una gaviota empollando, sin ninguna sutileza: huevo grande, ande o no ande. Resulta que Gabriel Albiac, el Nietzsche español, ha demostrado que la aceptación por parte del gobierno del famoso relator ha convertido a España en Ruanda, no metafóricamente, sino de manera real y efectiva. Otros pensadores ilustres barajan otros países a cuyo bajo nivel ha caído España por culpa del relator, como Yemen o Burkina Faso, pero parece que al final va a ser Ruanda nuestro destino. Luego British Airways es una compañía ruandesa. A esto conduce el nacionalismo sin complejos.

Marciano Lafuente

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