Carros de fuego para el Imperio persa

 

Un Grumman Tomcat F-14 de la IIAF (Fuerza Aérea Imperial Iraní) en 1978

¿Cómo terminó “el caza más mortífero del mundo” (1), ochenta unidades nada menos, en la fuerza aérea del Imperio iraní? El F-14 Tomcat fue otro producto de la propaganda muy exagerada acerca de los ultrapeligrosos aviones soviéticos, reales o imaginarios, a los que había que oponer versiones norteamericanas siempre superiores. El juego continuó durante décadas y proporcionó increíbles beneficios a la industria aeronáutica estadounidense. A mediados de la década de 1960, Robert McNamara intentó estandarizar el complejo mundo de los aviones de guerra de la USAF y la US Navy, que funcionaban como mundos separados y estancos, con un solo avión polivalente que sirviera para casi todos los cometidos posibles. Así surgió el F-111, un aparato grande y pesado con alas de geometría variable, que terminó en las filas de la fuerza aérea. En 1968 la marina rechazó el invento y encargó a Grumman una versión más compacta, que terminó siendo el Tomcat. Desde el principio se conceptuó como un superavión capaz de enfrentarse con todo lo que la industria aeronáutica soviética pudiera echarle encima.

Muy lejos de la fábrica de Grumman en Long Island, Nueva York, el Sah (Emperador) de Irán inauguraba su impresionante palacio de Niavaran. El agitado año de 1968 fue en Irán el quinto desde el comienzo de la Revolución Blanca, una especie de gran salto adelante que pretendía elevar al país de categoría hasta alcanzar el nivel del Occidente. El proceso requería una asociación estrecha con los Estados Unidos y se llevó a cabo sin dejar ningún resquicio a la participación política y arrojando por la borda la cultura tradicional iraní, religión incluida. Parte importante del grandioso programa del Sah era el rearme, con vistas a convertir a Irán en la indiscutible potencia regional de Oriente Medio. Para ello necesitaba una fuerza aérea potente.

Desde 1953 en adelante, cuando el golpe de estado orquestado por la CIA derrocó a Mossadeq y acabó con su intención de nacionalizar el petróleo iraní, la FA iraní se convirtió una una franquicia de la USAF. El paquete era el habitual de que disfrutaban los países del llamado Mundo Libre: primero F-84 Thunderjet y F-86 Sabres, luego F-5 Freedom Fighter y algunos F-4 Phantom II. Era una colección de aviones relativamente modesta, muy parecida a la que tenía el Ejército del Aire en España, por ejemplo. Pero el Sah quería más, y a comienzos de la década de 1970, justo cuando el Tomcat comenzaba a cobrar forma, importunó repetidamente al gobierno norteamericano para pedir los aviones de guerra del modelo más avanzado posible. En aquel momento eso quería decir F-15 Eagle o F-14 Tomcat, dos aparatos que volaron por primera vez en 1972 y concebidos para dar a la USAF y a la US Navy una completa superioridad aérea durante mucho tiempo.

Nixon había jurado su cargo de presidente de los USA en enero de 1969, y tenía ideas muy distintas sobre política internacional que su esclerosado antecesor, Johnson. Quería acabar con la guerra de Vietnam, reforzar la distensión con la URSS y acercase a China. Vietnam le convenció de la imposibilidad de imponer el orden internacional mediante la presencia directa de tropas estadounidenses. Mientras tanto, el Imperio británico se había retirado de Aden en 1967 y anunciado formalmente que para 1971 no mantendría fuerzas al este de Suez. Justo cuando el nacionalismo árabe crecía en Egipto, Siria e Irak, con apoyo soviético. Los Estados Unidos decidieron apoyar incondicionalmente a Israel y se decidieron por Irán como gran gendarme de la región, después de descartar a Arabia Saudí (2). Las reticencias de Pentágono a vender al extranjero material de guerra exageradamente avanzado fueron dejadas a un lado y en mayo de 1972 Nixon se plantó en Teherán y ofreció al Sah un cheque en blanco para comprar armamento a espuertas, incluyendo aviones de guerra de cuarta generación. El F-14 Tomcat llevaba algo más un año en pruebas de vuelo y se decidió enviar 80 ejemplares a la , junto con 500 misiles Phoenix, capaces de dar en el blanco a más de 100 km de distancia. El kit completo incluía los aviones, entrenamiento para tripulaciones, piezas de repuesto, facilidades para mantenimiento y reparaciones, etc.

Los Tomcat fueron llegando en grupos de tres, en vuelo, y acoplados a la fuerza aérea iraní junto con aviones cisterna y de guerra electrónica. En conjunto, la IIAF parecía no tener rival posible en la región en la segunda mitad de la década de 1970. En concreto, podía ya medirse de igual a igual con la igualmente potente FA iraquí, dotada de material soviético y francés y cuyos MiG-25 podían cruzar insolentemente el espacio aéreo iraní sin posibilidad de ser interceptados. Fue el acuerdo sovietico-iraquí de 1972, en que la gran potencia aceptó suministrar modernos aviones de guerra a la potencia árabe emergente, lo que hizo saltar las alarmas en Teherán. El emperador de Irán se reconocía heredero del antiguo y poderoso Imperio persa (en 1971 se celebraró una estrambótica celebración por su 2.500 aniversario en Persépolis) y había construido una fuerza aérea verdaderamente imperial, una colección de carros alados armados de rayos flamígeros sin parangón en la región, salvo tal vez en el país de su archienemigo, Irak. Entonces, el 1 de febrero de 1979, el ayatollah Ruhollah Jomeini descendió la escalerilla del avión que le llevó a Teherán. El Sah ya había huido. En pocos días se proclamó la República Islámica, y los Estados Unidos  se dieron cuenta horrorizados que habían entregado 79 unidades de su más avanzado avión de guerra a su peor enemigo, y que su franquicia, la IIAF, se había convertido en una fuerza aérea enemiga, la IRIAF (Islamic Republic of Iran Air Force).

1- Frank Harvey: Mortífero “felino” de los cielos. Reader’s Digest, abril de 1972.
2- Stephen McGlinchey: Richard Nixon’s Road to Tehran: The Making of the U.S.–Iran Arms Agreement of May 1972. Diplomatic History, Volume 37, Issue 4, 1 September 2013.

 

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