Un gran día para el petróleo

Ante las preocupantes noticias llegadas de Europa, los asesores de la OELP [Organización de Entidades que se Lucran con el Petróleo] (o Ellos, que suena más dramático) convocaron una reunión de urgencia en una amplia sala con paneles de roble en las paredes. El jefe de la oficina de expertos agitaba una tablet con una mano gruesa y peluda:
– Aquí está. No se trata de ningún error. La ministra del ramo ha dicho en España “el diésel tiene los días contados”, completamente serio. Delante de periodistas y a micrófono abierto.
Un estremecimiento de horror sacudió a los asesores. Dos o tres tazas de café cayeron al suelo. El representante de Milindusco balbuceó:
– ¿Qué dice Donald? ¿Y Angela?
– Se están portando bien, por ahora. Donald ha ordenado al Ejército disparar contra los activistas del cambio climático, y Ángela dice que el diésel es un elemento esencial de la Weltanschauung alemana. Es buena publicidad para el producto.
El hombre de Conchaco dejó oir su voz desde el rincón más oscuro de la sala.
– Me preocupa la pobre Angela. Como sabéis, metió la pata al asociarse con esos sociatas medio verdes.
Al oír la palabra nefanda, varios delegados tocaron madera, se hicieron cruces o agarraron con fuerza sus amuletos, según su respectiva idiosincrasia cultural. El delegado de Fatalco tomó la palabra.
– Caballeros, no es el momento de dejarnos llevar por el pánico. Necesitamos perspectiva. Veamos que dice el hombre de los números.
El responsable de Estadísticas de Venta de Crudo entró en la sala con paso firme. Era un hombre elegantemente vestido, muy bronceado tras unas largas vacaciones de verano en una islilla del Pacífico. Se sentó y aguardó las preguntas.
– ¿Hay algo de lo que debamos preocuparnos? ¿Pueden llevar a cabo su amenaza de… cielo santo… prohibir los coches de combustión?
El experto puso la misma cara que pone alguien antes de responder a una pregunta que ya le han hecho millones de veces.
– No hay absolutamente ningún motivo de preocupación, señores. Seguirán necesitando mucho petróleo dentro de diez y dentro de cincuenta años. Suplicarán por él de rodillas. Pagarán lo que les pidamos.
El representante de DDco rió sardónicamente, coreado por el de Maroco.
– ¿Y que hay de esas historias de coches eléctricos de gran autonomía? ¡600 kilómetros, por Dios!
– Paparruchas. Ediciones para coleccionistas y ecoprogresistas con complejo de culpabilidad. Estamos instalados en los viejos y sólidos motores diésel y de gasolina, y espero que no nos movamos de ahí en mucho tiempo.
– ¿Y la historia del Día sin Coches? ¿Un día entero sin usar el auto? ¿Se imagina si este tipo de iniciativas se extienden? Como un maldito cáncer.
– Ta, ta, ta. Todo está controlado. Un poco de teatro no viene mal una vez al año. Y no es un día entero, carajo. Sólo cuatro horas.
Un suspiro de alivio recorrió los sudorosos semblantes de los petroleros .
– Cuatro horas. Excelente. Pero, ¿que hay de cierto en los rumores que corren sobre esas… esas… esas… -un segundo antes de ahogarse, consiguió pronunciar las palabras- energías renovables?
– Al ritmo actual, no serán ningún motivo de preocupación hasta que los batracios desarrollen apéndices capilares, si captan la expresión.
El representante de Oroco tardó casi treinta segundos en reírse. En ese momento, un ujier entró con una nota y se la entregó al representante de Barimco. Éste no perdió un minuto en informar a la concurrencia.
– La Organización de la Civilización Occidental ha difundido un comunicado: “no incentivar el consumo de petróleo equivale a atentar contra los sólidos valores del libre mercado, puntal a su vez de una libertad sana –que no equivale en modo alguno a libertinaje– garantía por lo tanto del desarrollo ordenado y feliz de nuestra gran civilización atlántica”. Algo retorcido… se nota la mano de Hermann, debía estar de guardia esa noche. En fin, caballeros. Victoria completa. Se han impuesto, una vez más, el interés de las generaciones venideras, el sentido común y la cordura.
El representante del Departamento de Estado bostezó.
– Que barbaridad. Y esta vez ni siquiera ha hecho falta bombardear nada.

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