Fumando como nuestros bisabuelos

En los viejos buenos tiempos (antes de la oleada de leyes antitabaco y antialcohol que nos azotó hace tiempo) uno podía ir a las 23,15 horas a cualquier tienda de frutos secos y golosinas y comprar, con la cabeza muy alta, media docena de latas de cerveza y un paquete de cigarrillos. Hoy en día solo podrás comprar la cerveza si no han dado las diez de la noche, límite horario que se ha puesto probablemente porque al legislador le decían cuando era pequeño que estuviera en casa a esa hora o que se atuviera a las consecuencias. En cuanto al tabaco, no podrás comprarlo de ninguna manera.

En realidad nadie sabe muy bien dónde está permitido vender tabaco, aparte de los estancos. En los kioskos de prensa, que antes eran una fuente segura y fiable, ahora hay una versión pequeña de una máquina expendedora de tabaco. Parece ser que el kioskero no puede tocarla de ninguna manera, salvo para cargarla y sacar las ganancias, de manera que te la señala, te muestra dónde introducir el dinero y a continuación te sugiere que saques tu mismo la cajetilla de la ranura. En los bares sigue habiendo máquinas de tabaco de toda la vida, pero ya no son aquellos confesionarios de antes donde te alejabas un poco del ruido ambiente mientras intentabas averiguar cómo funcionaba la máquina (algunas variantes eran traicioneras). Ahora tienes que dirigirte a la barra, molestar al azacanado barman y solicitar, como si tuvieras siete años, que por favor desbloquee la máquina. El amable camarero lo hace con una especie de mando a distancia, intentando hacer pasar el rayo desbloqueador entre los parroquianos, cosa difícil si el bar está lleno.

Pero el verdadero cambio en el negocio de fumar, a partir de 2008, es el hundimiento del cigarrillo y el surgimiento del tabaco de liar. El antiguo y noble gesto de sacar el paquete de tabaco del bolsillo, agitarlo un poco, extraer un cigarrillo, encenderlo en el hueco de la mano y empezar a echar bocanadas de humo instantáneamente ya casi no se ve, salvo entre  algunos privilegiados o resistentes. Ahora fumamos tabaco de liar, como nuestros bisabuelos.

Eso quiere decir que tenemos que llevar encima: a) un paquete de tabaco a granel, b) un librillo de papel de fumar y c) una bolsa de filtros. Es imposible llevar esos arreos con elegancia en el bolsillo de la camisa, y por esta razón los bolsos y carteras de mano proliferan (otra razón es que a lo mejor se encuentra algo interesante caminando por ahí y entonces necesitaremos algún sitio donde llevarlo). Cuando llega a hora de echar el cigarrillo, que dentro de poco terminaremos llamando pitillo –y a la calefacción brasero, ya esta pasando– el fumador moderno tiene que organizarse: si está de pie en la calle, sacar primero un filtro, colocarlo en la comisura de la boca, a continuación sacar un papelillo, reservarlo en la mano, sacar el paquete de tabaco, coger un pellizco, extenderlo en el papel, darle un poco de forma, colocar el filtro, hacer el juego de pulgares y por fin lamer la parte engomada para terminar el asunto.

El resultado, generalmente, no se parece en nada a un cigarrillo de paquete. Suele parecer un churro aplastado, no tira bien y tiene un aspecto salivoso algo repugnante. Pero esto es lo que hay, y el fumador de tabaco de liar hace números: si antes se gastaba unos 200 euros al mes, fumando paquete y medio diario, ahora no pasa de los ocho o diez cigarrillos diarios (nadie podría, con tanta parafernalia) y gasta la décima parte. Con la conciencia tranquila a este respecto, el fumador de tabaco de liar se aleja echando unas inseguras bocanadas de humo.

Asuntos:

Espacios:

Tiempos:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies