La solución de nuestra enorme deuda pública: el invento de un general español en Cuba

El monto total de la deuda pública española, lo que debemos los ciudadanos de este país a los inversores internacionales y nacionales, es de 1.162.946 millones de euros (en el segundo trimestre de 2018). Eso quiere decir que tocamos a unos 25.000 € por cada hombre, mujer, niño o niña que vive en el Estado español.

¿Cómo vamos a pagar esa espantosa deuda, que asciende al 98,8 % del PIB, es decir casi la productividad completa de un año de nuestro país? Tendríamos que trabajar un año entero sin ganar nada a cambio, cosa imposible pues la gente, en general, suele comer todos los días. Pero la historia viene en nuestra ayuda. Es perfectamente posible dedicar toda o casi toda la producción del país a pagar la deuda sin pagar sueldos y sin que la gente se muera de hambre del todo.

Se trata sencillamente de crear un sistema de campos de trabajo para aproximadamente 25 millones de personas en edad productiva. La principal ventaja de este sistema es que podríamos dedicar casi todo el valor de la producción a pagar a los inversores. Una ventaja añadida es que supondría una drástica subida de la competitividad de nuestro país, que nos permitiría bajar los precios de nuestros productos y por ende vender más. La clave del éxito de este sistema está en reglamentar las condiciones de vida para que la subsistencia de los trabajadores cueste lo menos posible. Y el lugar adecuado para conseguir este objetivo es el campo de trabajo o de concentración.

Antes de que pongan el grito en el cielo, hay que decir que no sería un campo de concentración como los que erigieron nazis y estalinistas, esos lugares de horror sin medida. Estamos hablando de un alojamiento muy espartano pero limpio, y de unas condiciones de vida muy simples pero suficientes. La idea es reducir costes de producción, no castigar a la gente. El recurso a la violencia se haría solo cuando fuera estrictamente necesario.

El campo de concentración ahorra mucho dinero y eleva por lo tanto la competitividad por una simple cuestión de economía de escala: es más barato alojar a 100.000 personas en 100 barracones y darles de comer rancho que dejarles vivir en pisos y que se gestionen la comida ellos mismos. Las economías pueden ser enormes. Existen ejemplos históricos de unos gastos de manutención completos, todo incluido, por interno y día de aproximadamente un euro (al cambio actual).

No se crea que es un invento ajeno a la cultura española, pues recluir a poblaciones enteras detrás de alambradas parece que fue un invento del general Valeriano Weyler en Cuba, en las décadas finales del siglo XIX. Luego los ingleses refinaron el sistema en la guerra bóer y posteriormente la Alemania nazi y la Unión soviética estalinista agrandaron el sistema hasta extremos increíbles. En nuestro país, el proyecto republicano de campos de trabajo para vagos y maleantes fue sucedido durante la guerra civil y después por un extenso archipiélago de campos para prisioneros republicanos, donde penaron muchos miles de personas.

La reclusión de la población activa en campos sería temporal, no debería durar más de uno o dos años. Es un plazo más que suficiente, con un buen ritmo de productividad estimulado por una disciplina severa pero justa, para pagar todas nuestras deudas.

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