El nacionalismo es un paquete completo

“Todos llevan el paso cambiado, menos mi hijo” dice el padre orgulloso mirando el desfile militar. El nacionalista hace lo mismo, cree que el mundo entero es una gigantesca equivocación, menos su nación. El intelectual de guardia añade que no es tan malo un sentimiento de identidad, de pertenencia. Ustedes los modernos están de vuelta de todo, pero el pueblo llano necesita algo sólido en lo que creer.

Mucha gente piensa que la nación es algo vulgar, propio de turistas y de paletos, y que ellos son viajeros que han visto mundo y por lo tanto internacionalistas. Así que rechazan las banderas, las fronteras, los himnos, etc., y se ponen a ver una serie de culto en la tele tan tranquilos. Ignoran que este mundo es más grande que el cine experimental checoeslovaco, que a la gente le gusta más el lacón que Lacan, y que le deben un respeto a su hermosa nación. La que se halla abajo y a la izquierda de Europa, es decir España.

No suena tan mal, un país de ciudadanos libres (siempre que no hagan algo en contra de la esencia nacional) e iguales, una isla de verdad y certidumbre en un mundo caótico. El argumento principal es que la nación es tu familia, y su solar tu casa, desde el cabo de Gata hasta Finisterre. Si te roban o te explotan o te estafan, lo hacen compatriotas tuyos. Puede que sean unos hijoeputas, pero son nuestros hijoeputas.

Lo malo es que el paquete completo incluye cosas como la fiesta de los toros y el panegírico de la división azul. La nación no es una simple demarcación administrativa. Es un montón de cosas más formando un ecosistema completo, y no puedes quedarte con algunas (como ser el record mundial de trasplantes) y rechazar  otras (como el aborto como crimen contra la nación).

Ahí esta el problema, es muy fácil cometer crímenes contra la nación. El nacionalismo es un espíritu sombrío (1) que no admite bromas. No tiene sentido del humor. En la escala de pecados contra la nación, la secesión es el mas terrible, el único que no puede sere perdonado, el equivalente de la apostasía en la religión. Pero hay muchas otras manera de pecar contra la nación, muchos problemas para los que el nacionalismo tiene una solución más bien expeditiva. Por ejemplo, los políticos.

No todo es perfecto en España porque los políticos no paran de robar. Hay 800.000 políticos en España robando a manos llenas, todo el día. Cuando consigamos acabar con la política, habremos resuelto el principal problema de España. La política (el politiqueo, etc.) es antiespañola y no es necesaria en una nación bien acordada.

Hay muchos más problemas. El lobby gay pretende imponer su dictadura homosexualista, socavando la tradicional virilidad ibérica. Las feminazis quieren imponernos la ideología de género, a contracorriente por completo de la noble cultura de la mujer española, muy femenina y que sabe estar en su lugar. Los animalistas desean acabar con la fiesta de los toros, la caza y muchas más hermosas tradiciones populares que son la base de la cultura de nuestro país. Los comunistas, disfrazados de socialdemócratas, quieren acabar con la cultura del esfuerzo, ¡tan española! y crear una sociedad sin identidad, de dóciles borregos fieles a las consignas internacionalistas de George Soros. Los buenistas quieren abrir las fronteras a cualquiera, para que entre y contamine nuestro país. Los antinatalistas son especialmente peligrosos, porque quieren impedir que los buenos españoles se reproduzcan y hagan creer la vigorosa raza hispana. El aborto debe ser un delito, y el divorcio severamente penalizado. Pero lo peores son los separatistas. Hay dos millones de catalanes y un millón de vascongados que no quieren ser españoles, y seguramente hay unos cuantos más en otras regiones.

El nacionalismo tiene que acabar con el lobby gay, la “ideología de género”, el animalismo, el socialismo en todas sus variantes, el movimiento okupa, el ecologismo, el buenismo, el antinatalismo y el separatismo. Una tarea hercúlea, un reto apasionante, que se expresa en el clásico cartel de alguien barriendo enérgicamente a los enemigos de la nación.

Muchas personas tienen sentimientos amistosos hacia España y quieren trabajar a su favor, y no en su contra. No quieren ser unos malditos pijoprogres. Pero nada es gratis. Ahora tienen que dar el siguiente paso: rechazar todo lo que es antiespañol. Pueden empezar por comerse un chuletón e ir a pegar unos tiros con la escopeta. Para continuar, tienen que rechazar los otros nacionalismos que no sean el bueno y verdadero, y que compitan con él. Es decir, el nacionalismo vasco, el catalán, el gallego, el castellano, el valenciano, el andaluz, el extremeño, el murciano, el riojano, el asturiano, el celtibérico, el cántabro, etc.

El argumento tiene que quedar muy claro: el nacionalismo español no es nacionalismo, es patriotismo incluyente y democrático. Los nacionalismos vasco, catalán (*), gallego, etc., son excluyentes y totalitarios. No se debe permitir su existencia. Pues esto es lo que hay: o estás con tu gran nación o estás contra ella. Ya no se permiten medias tintas y posturas neutrales. Muchos se sienten aliviados, se acabó la confusión. Todo es mucho más sencillo, lo español es bueno y lo antiespañol es malo. Es el famoso lema que acuñó Fidel Castro usando la palabra revolución: A favor de la nación, todo. En contra de la nación, nada.

Hay un pequeño nacionalista dentro de cada uno de nosotros, pugnando por salir. No opongas resistencia, pijo de mierda, ama a tu nación, a toda ella, desde la frontera con Francia a la valla electrificada con cuchillas afiladas de Melilla.

Marciano Lafuente

(1) Expresión creada para definir el comunismo bolchevique por Karel Capek en su carta de 1922 “Por qué no soy comunista”.

(2) El nacionalismo catalán, a la altura de 2019, había conseguido concitar el hartazgo de todo el mundo, gracias a una dirigencia notablemente fatua.

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