Ni una sola gota al mar

 

Dios decide crear la península Ibérica.
-Esta vez vamos a hacer las cosas bien. Latitud, entre 45 y 35 grados, entre el subtrópico y la zona templada. Ni mucho frío ni mucho calor. Buen comienzo, ¿no te parece?
– No está mal. Habrá que tener cuidado con los ciclones del norte y mantener vigilado el anticiclón de las Azores– dijo el asesor de Planeamiento de Dios.
– ¿Las Azores?
– Si vamos a tener un anticiclón aquí, nos vendrían bien unas islas debajo, no muy grandes, para darle nombre.
– Estupenda idea. Volviendo a la península Ibérica… ¿Qué te parecen 900 milímetros de lluvia, bien repartidillos?
– Imposible. El manual de operaciones no deja otra opción que hacer una Iberia Húmeda y otra Seca. Tendrá que ser un extremo de 2.000 milímetros y otro de unos 300.
– Qué barbaridad. Bueno, pero al menos, que se reparta regularmente a lo largo de todo el año.
– Eso sería como hacer que lloviera hacia arriba. Si llueve poco, no puede caer repartido. Tendrá que ser a razón de uno o dos días de lluvias torrenciales, y el resto del año seco como la mojama.
– ¿Qué es la mojama? A veces se me colapsa la omnipresencia. No puedo saber todo lo que ocurrirá en el mundo.
– Atún seco. Se inventará dentro de unos eones.
– Deberíamos probarla. Siguiendo con el tema que nos ocupa… he pensado en amplias u suaves llanuras con algunas colinas por aquí y por allá. Para quitar un poco de monotonía al paisaje, no sé si me sigues.
– Me temo que no va a poder ser. Ya estoy oyendo a los del Negociado Tectónico. Aquí nos toca una gran meseta en el centro, y bien rodeada de montañas además. Eso sin contar unas cuantas cordilleras, por si acaso.
– Algún día habrá que pensar en bajarles los humos a los de la cosa tectónica. Todo el día con dorsales de magma, erupciones volcánicas, placas cabalgando y todas esa murga. En fin, lo que debe ser debe ser. ¿Como queda la cosa?
– Se ve algo complicado desde aquí arriba, pero yo creo que ha quedado bastante bien. Mire, ya empiezan a construir embalses.
– Buenos chicos.
– La verdad es que no paran. Cuento y me salen más de mil.
– Bien, bien. Mejorando Mi Obra.
– ¿Será posible? Ahora están conectando dos embalses con una tubería. Un pedazo de tubería, si se me permite la expresión.
– ¿? Espero que no acaben como esos comedores de queso de bola. Ya sabes: “Dios creó el mundo, pero los holandeses Holanda”, etc.
– Esto es muy interesante. Han escrito un anteproyecto de proyecto de avance de desarrollo de preliminares de Plan Hidrológico Nacional. En 45 volúmenes más anexos. Veamos… Ya lo tengo. La frase clave es ésta: “ni una sola gota al mar”.
– ¿Ni una sola gota al mar?
– Exactamente. Ellos piensan que el agua de los ríos que va a parar al mar se desperdicia. Repiten esta letanía una y otra vez para darse ánimos en la gigantesca tarea que les aguarda. Para empezar, van a reparar el defecto del mal reparto de las lluvias, mediante una enorme red de tuberías. Así será como si lloviera lo mismo en toda la península, y como si lloviera regularmente, casi todos los días.
– ¿No sería más sencillo que lo pidieran con fe y Mi Mano descendiera y arreglara las cosas de un plumazo? Si es preciso, me enfrento con el Negociado del Clima.
– El asunto está ya fuera de jurisdicción: recuerde el Convenio de Libre Albedrío Humano. No podemos intervenir.
– Pero tanto gasto en hormigón…
– Es parte de la economía. Ya sabe, el becerro de oro. Cuanta más inversión en obra pública, más crecimiento del PIB. Sin olvidar las irrenunciables nuevas hectáreas de regadío. Y el imparable crecimiento de la demanda urbana. Y el golf. Todo esto hace crecer el PIB.
Dios consultaba un anuario meteorológico del siglo XXI, con el ceño fruncido.
– ¡Yo mismo! Fíjate en esta serie de años. ¡Verdaderamente, no va a caer ni una gota! ¿Cómo van a llenar todos esos embalses y canales? Deberíamos avisarles.
– Le recuerdo la Convención de Actos Futuros, artículo 23, párrafo 3.
– Ya sé, ya sé. Es una lástima todo este cemento inútil. ¿Qué hacen ahora?
– Están empezando a alisar el territorio. ¿Se acuerda de aquello de las suaves llanuras, con algunas colinas por aquí y por allá? Eso resolvería muchos problemas de disponibilidad de agua.
– Es impresionante. Me pregunto a donde van a llegar. ¿Tú qué opinas?
– No puedo decirle nada, porque me acaban de contratar como asesor del Plan Hidrológico. Vamos a evaluar la posibilidad de trasladar la península Ibérica en bloque a latitudes más lluviosas. Confío en volver a verle, Señor.
– Te deseo éxitos en tu trabajo. De todas formas ¿no tendríais un puesto para mí en la Oficina del Plan?
– Veré lo que puedo hacer, pero no le prometo nada.

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