Cómo elegir al presidente de la tercera República española

Modelo de estandarte del presidente de la República española (no oficial)

 

O presidenta. En Italia tienen como costumbre reservar unos cuantos políticos absolutamente honestos, por si tienen que nombrar a alguno de ellos presidente de la República. Por ejemplo, Sandro Pertini o Giorgio Napolitano. En España, sumando la primera y la segunda, solamente hubo seis presidentes, cuya lista se puede recitar hoy con la misma lejanía que la de los reyes godos: Figueras, Pi y Margall, Salmerón, Castelar, Alcalá Zamora y Azaña. En Francia, el presidente manda mucho, mientras que en Alemania suele ser poco conocido. A los presidentes franceses no les han faltado grandes escándalos de corrupción, prevaricación y alevosía, recuérdense Mitterrand, Chirac o Sarkozy. Los presidentes federales alemanes suelen ser más discretos, aunque algún asunto oscuro sí han tenido últimamente.
El presidente o presidenta de la república española debe ser mayor de edad, sin inhabilitación para ocupar cargos públicos, etc, absolutamente honesto y con experiencia política de primera mano. ¿Dónde puede estar este mirlo blanco? Hay que tener en cuenta que será el jefe del estado, con poder moderador, armonizador, etc, que no es poco. A primera vista se diría que la tarea de buscar al primer presidente de la tercera república española es una misión imposible. ¡Y encima en este país! ¿Podría ser un catalán. un vasco o un gallego? ¿O un andaluz? Tal vez la elección mejor sea que proceda de una Comunidad autónoma de poco bulto, como Aragón, Murcia o La Rioja. El partido político de origen también es importante: no parece que se pueda elegir a un presidente pepero o pesoero, y tampoco hay mucho dónde elegir ahí fuera, tal vez algún “independiente”. El presidente debe ser un hombre al que uno le compraría a ciegas un coche usado, lo cual descarta a los economistas, banqueros y financieros. La jerarquía de la iglesia católica, islámica u otras tampoco podría entrar en la elección, por razones evidentes. Los militares tampoco, por razones más evidentes todavía. Los catedráticos y gentes de la Facultad suelen carecer de sentido político. ¿Una estrella de la televisión? ¿Un cocinero?
Como se ve, la cosa es difícil, pero no imposible. Más vale que nos pongamos a buscar ya mismo, no sea que llegue la ocasión y nos pille desprevenidos. No valen actuales jefes de estado ni expresidentes del gobierno.

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