Las Seis Leyes del Dinero que debes conocer… si no quieres acabar muy mal 

 

Ley nº 1: no pienses en fabricar tu propio dinero

Dentro de una cultura general de emprendimiento, lo primero que se le ocurre a uno para conseguir liquidez es fabricar su propio dinero, igual que hacen los bancos centrales. Lo malo es que la sofisticada tecnología que hay que utilizar restringe el asunto a grandes bandas internacionales, de las que te meten los pies en un bloque de cemento y te lanzan al lago Michigan en cuanto te descuides. Hace poco se informó de un fabricante de dinero artesanal que consiguió vivir una temporada a base de los billetes de 50 euros que creaba él mismo y que usaba para comprar comestibles en las tiendas del barrio. La policía acabó pillándolo. Recuerde: fabricar dinero en casa es ilegal.

Ley nº 2: El dinero está donde tiene que estar

Es posible que últimamente hayas notado que no te alcanza el dinero como antes, porque te han bajado el sueldo o te lo han quitado del todo. Te preguntas (tú y muchos más) ¿dónde está todo ese dinero? Pues está a buen recaudo, en depósitos bancarios y deuda pública y depósitos e instrumentos financieros variados. Ellos sabrán darle el mejor uso posible, no le des más vueltas. No seas un resentido social y sobre todo, ¡no votes a los populistas!

Ley nº 3. Sigue las Tres Reglas y, con suerte, te dejarán en paz.

La parte del dinero que queda en manos de la gente corriente se debe repartir en tres aspectos. Esto no lo digo yo, lo dice el curso de educación financiera patrocinado por el Banco de España:

a) Gastos que hay que pagar sí o sí, aunque sea lo último que hagamos en la vida (la hipoteca),

b) Gastos que se pueden reducir drásticamente (la comida, o el colegio de los niños) y

c) Gastos que se deben suprimir (las vacaciones, los periódicos, las cañitas en los bares, etc.).

El menguante dinero que queda todavía en nuestros bolsillos pertenece en realidad a los bancos. Y los bancos no están dispuesto a soltarlo de ninguna de las maneras: te cobrarán la hipoteca hasta la última gota. La hipoteca es sagrada (ya lo hemos dicho antes, pero hay que repetirlo hasta que la gente lo atornille en su cerebro). No se puede dejar de pagar de ninguna de las maneras. Puedes comer menos  pero no dejar de comer del todo, porque entonces te mueres y dejas de pagar la hipoteca (a no ser que estés pagando un seguro de amortización del préstamo, que es un seguro de vida del que el banco es el beneficiario, que a veces te obliga a contratar para concederte la hipoteca. En este caso, lo mejor es que te mueras cuanto antes). Debes abandonar toda diversión y relajo (como leer el periódico o tomarte una caña en un bar), pero recuerda: la hipoteca se tiene que pagar, sí o sí.

Estas tres reglas tienen un corolario (no es un ave marina, sino una conclusión que se sigue sin esfuerzo). Es necesario ahorrar, y meter el dinero ahorrado en un banco. No vele meterlo debajo de un colchón. Para ello, debemos abandonar los gastos superfluos y usar ese dinero para aumentar el tamaño de nuestra hucha –que debe ser gestionada por el banco, insistimos. Hay que tener en cuenta que el ahorro nos permite satisfacciones posteriores: ya podrás leer el periódico y tomar cañas cuando seas mayor. ¿Para qué quieres disfrutar de tu dinero ahora si lo puedes tener metido en un plazo fijo o similar, obteniendo a cambio alguna que otra cristalería y la felicidad del banquero? Este es un concepto básico.

Ley nº 4: El dinero viejo es el único que existe, y no se puede empezar de nuevo

Desde hace miles de años, el sueño de domesticar del dinero ha desvelado a la humanidad. Se suelen barajar dos posibilidades: el trueque o inventarlo de nuevo. Esta última opción es seguramente la mejor. Algo así como empezar de cero, resetear completamente la economía mundial. Se ha hecho algunas veces de manera parcial, por ejemplo en Alemania en 1948.

Tendría como resultado convertir automáticamente los trillones de euros que ruedan por el mundo, tanto reales como virtuales, en algo sin ningún valor. El nuevo dinero dispondría de mecanismos automáticos que impedirían varias cosas, por ejemplo su acumulación excesiva en un solo punto; en ese momento, el nuevo dinero se quemaría espontáneamente. Tampoco podría estar inactivo y atesorado demasiado tiempo, en este caso otro mecanismo lo evaporaría.

Tampoco se podría multiplicar como por arte de magia como el dinero actual, ni podría viajar tan fácilmente, etc. Sería un dinero domesticado, a nuestro servicio. Suena bonito, ¿verdad? ¡Despierta! Que se te grabe bien esto en la cabeza: sólo existe el dinero antiguo. Los denarios y libras esterlinas obtenidos hace siglos y milenios mediante la trata de esclavos o el contrabando de opio todavía existen, formando parte de alguna cuenta opaca en algún banco suizo.

Ley nº 5: eres un analfabeto financiero.

Ya puedes empezar a aprender las verdades de la vida: por ejemplo, no puedes entregar la casa al banco y largarte por las buenas. El asunto de la dación en pago reveló una lacra más de la sociedad española: nuestro nivel de educación financiera es muy bajo. No se entiende si no cómo una persona humana normal puede pensar que puede entregar la casa al banco e irse de rositas. Una persona con un buen nivel de educación financiera sabría que la dación en pago es una atrocidad, una catástrofe que puede hundir a la economía española y además una inmoralidad. Si un banco te presta dinero, el que asume el riesgo del préstamo eres tú y tus desdichados avalistas, no el banco. Las entidades financieras nunca se equivocan al conceder préstamos, pero tú puede cometer el error de su vida. Responderás, tú y tus allegados, pase lo que pase, con el bíblico concepto de tu patrimonio presente o futuro, es decir, por toda la eternidad.

Ley nº 6 y última: Nunca, es decir jamás, dejes de pagar la deuda que tienes con un banco.

Existe el jeta que vive de dar sablazos y de pedir préstamos encadenados a los que no tiene intención de hacer frente nunca. A veces, algún deudor se cansa y le quema el coche o le da una paliza, en el peor de los casos. Eso es un picnic comparado con lo que te espera si dejas de pagar una deuda que tienes con un banco. Serás perseguido de todas las maneras posibles, hasta que tu vida –y la de tus bisnietos– se convierta en un desierto de sal y cenizas. Recuerda: nunca dejes de pagar tu deuda con un banco. Y ten en cuenta que suicidarte no soluciona nada.

 

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