euzkadienarmasGudari, 20 de marzo de 1937. Biblioteca Digital Municipal de Donostia.

 

…batallones vascos que combaten heroicamente en tierras extrañas.

Gudari, 6 de marzo de 1937, hablando de las unidades del Ejército Vasco (incluyendo una brigada nacionalista) que participaban en el cerco de Oviedo[48].

 

Tan devotamente católico o más que el carlismo navarro, causó indecible angustia al Partido Nacionalista Vasco decidirse a tomar partido por la República en los primeros días del Alzamiento militar. El gesto obtuvo su recompensa pocas semanas después, el 1 de octubre de 1936 –el mismo día en que el general Franco era investido solemnemente como Jefe del Gobierno del Estado Español (nacionalista) en Burgos. Lo que quedaba de las Cortes de la República había aprobado el Estatuto Vasco.

El sueño se había cumplido, aunque en circunstancias bien diferentes y mucho más penosas de las que se podían haber imaginado pocos años antes, cuando una Vasconia autónoma compuesta por las cuatro provincias euskaldunas del sur del Pirineo parecía al alcance de la mano. En la realidad, el flamante Gobierno de Euzkadi controlaba sólo el territorio de Vizcaya (Bizcaia), y no solamente no incluía Navarra, sino que era atacado con ferocidad precisamente por las unidades militares formadas por los tradicionalistas navarros. Álava había caído en manos de los nacionalistas españoles sin dificultad en los primeros días del Alzamiento, y Guipúzcoa había sido ocupada en pocas semanas. El territorio del Gobierno de Euzkadi cumplía irónicamente el lema del fundador del PNV, Sabino Arana: Bizcaia por su independencia. El nuevo gobierno vasco se puso con entusiasmo a la tarea de fundar un nuevo estado vasco, aunque fuera en su reducido territorio. Se nombró un gobierno de concentración nacional, con carteras para todo el mundo excepto la CNT, y se comenzó por la tarea más urgente, que era la de crear un Ejército Vasco.

La materia prima de este Ejército, la raza vasca, parecía en principio de gran calidad, la mejor sin duda de la España de la época. Esto no era sólo una opinión muy extendida, sino que aparecía en la páginas del Diario Oficial del País Vasco, que formó gruesos volúmenes en su corta vida, pues el Gobierno de Bilbao legisló con entusiasmo acerca de todos los aspectos de la vida de un Estado. Cuando en enero de 1937 se declaró obligatoria la educación física escolar en todo el territorio de Euskadi, el decreto correspondiente deja claro el tradicional orgullo racial euskaldún: la gimnasia y cultura corporal, con las danzas rítmicas y juegos apropiados, “derivará automáticamente en una superación de nuestras aventajadas características raciales”. La constitución de un Consejo de Higiene Rural se justificó, entre otras consideraciones más habituales, “por ser en la zona rural donde con mayor pureza se conservan las características raciales del pueblo más viejo de Europa -Euzkadi-, y nuestra obligación primordial, bajo los puntos de vista higienistas y vascos, es conservar por medio de la ciencia higienista lo más pura y robusta posible, fuera de las taras sociales y patológicas, esta raza que ha podido llegar hasta este siglo con su peculiaridad propia[49]”.

Se pueden espigar algunos ejemplos más de este racismo administrativo en el Diario Oficial del País Vasco / Euzkadi’ko Agintaritzaren Egunerokoa de 1936 y 1937. La historia venía de lejos, de la gran eclosión de la antropología en España entre los siglos XIX y XX, que produjo una colección enorme de afirmaciones imposibles de comprobar, pero que colocaban a cada variedad humana peninsular en su lugar de la escala mundial de calidad humana. Por ejemplo, un folleto de 1902 describe un “tipo puro de bereber dolicocéfalo” en la parte sur de la Maragatería (provincia de León). Según su autor, el maragato y el bereber estaban estrechamente emparentados, tanto en su sangre como en sus costumbres. Los maragatos llamaban mucho la atención de los  antropólogos, pero eran indudablemente los vascos los que más tributo prestaban al compás y al craniómetro.

Beneméritos estudiosos, como Telesforo de Aranzadi Unamuno y José Miguel de Barandiarán (parte de la “hueste sacerdotal” de antropólogos vascos a la que aludía irónicamente Julio Caro Baroja), construyeron sobre anchos cimientos el edificio del pueblo vasco, una especie de parque temático con recintos para la prehistoria, la etnografía, el folklore, la lengua, el cultivo de la tierra, la vida pastoril y marinera, etc. La caracterización y fijación del pueblo vascongado dio al principio grandes dolores de cabeza a los eruditos. Aranzadi pensaba a finales del siglo XIX que los vascos procedían de la mezcla de tres fuentes muy distantes entre sí: iberos o berberiscos, un pueblo boreal como el lapón o el finés y un tercer elemento kimri[50]  o germano.

Esta visión “tradicional” del origen del pueblo vasco por mezcla sucesiva de elementos foráneos fue sustituída pronto por la versión “moderna”, según la cual, como dice con insuperable poder de síntesis un folleto turístico editado por el Gobierno Vasco en 2000, “el hombre vasco siempre ha estado aquí”. La nueva teoría resultaba mucho más sencilla que la anterior: los vascos son los valiosos remanentes de la raza pirenaica o pirenaica occidental, estrechamente emparentados con los que pintaron Altamira y Lascaux, de antigüedad remota y sin mezcla alguna con otra variedad humana desde los lejanos tiempos de su constitución. Hacia 1936, esa opinión era ya común entre los estudiosos de la raza vasca.

Gracias a sus trabajos y a los de otros eminentes antropólogos, como Hoyos Sainz o Jacinto Antón, era factible saber que los vizcaínos eran verdaderos platicéfalos, con la relación vérticomodular más baja de España (84,8) y con la cara larga, estrecha y triangular de muy bajas relaciones transversocigomáticas y goniocigomáticas que tan bien pintaba Zubiaurre. Talla, peso y robustez ventajosas venían por añadidura. Pues esta raza vasca reveló pronto no sólo un origen remoto y único, sino unas características de extraordinaria calidad. Aplicando los índices craneométricos de calidad al uso, los vascos ocupaban casi siempre posiciones de cabeza, en lo más alto de la jerarquía no ya española, sino universal de calidad humana.

Telesforo de Aranzadi, en 1917, ordenó diferentes poblaciones según su ángulo intrafacial -una variante del viejo conocido ángulo  facial, ya usado por Camper en el siglo XVIII-, obteniendo esta serie, de mayor a menor: “australianos, papúas, negros de Guinea, hotentotes, singaleses, dravidas y ainos, pamues, birmanes, chinos, turcos, saboyanos, esquimales, merovingios, weddas, suizos, árabes, bretones, auvergnats, escoceses, grisones, guanches y vascos”. Una versión gráfica simplificada muestra como el hocico (simio) es evidente en el cráneo de negro de Guinea e inexistente en el cráneo vasco masculino, con un cráneo senoi de Malaca como forma intermedia. R. Manchón, en 1921, publicó los resultados de medir a 2.208 niños de San Sebastián y alrededores, demostrando que los que tienen los dos apellidos vascos superaban en estatura a los que tienen los dos no vascos, “quedando intermedios los de uno de los dos vascos”. Con lo que la cosa queda así: vascos puros: alta estatura. Mestizos: estatura mediana. No-vascos: estatura baja.

Sobre este extraordinario paisaje antropológico vasco en gestación pintó Sabino Arana con trazo muy grueso sus famosas ideas racistas, que oponían el noble bizcaíno o vasco al degenerado maketo o castellano, que llegaba por aquellos años en masa a la Ría de Bilbao para trabajar en la industria y las minas. A pesar de que la mayoría de los inmigrantes –aparte de aquellos llegados de otros pueblos de Vizcaya– procedían de lugares tan cercanos como Álava, Burgos o Santander, Arana veía una nítida línea de fuego que los separaba de la raza pura vasca. El Ejército creado para defender Euzkadi durante la guerra civil no se libró tampoco de estas líneas de división.

Como especificidad puramente vasca, había dos batallones enteros de Mendigoxales (Mendigoizales en la grafía actual) de mendi, montaña, y goizale, que significa “ambicioso” y también “idealista”, es decir, Montañeros, procedentes de las juventudes montañeras y excursionistas creadas por el PNV en 1909, como la versión vasca de los Boy Scouts. Las unidades de Mendigoxales vestían un curioso uniforme a base de camisa a cuadros, boina ancha y botas de montaña (compárese con el uniforme de la Policía Montada de Sevilla de la misma época). El batallón, con unos 900 efectivos, era la unidad operativa del Ejército Vasco, que no se organizó en brigadas y divisiones hasta que ya fue demasiado tarde, en mayo de 1937. Cada partido formó los suyos, hasta un total de unos 50 a mediados de 1937. De esta forma, había batallones del PNV y de sus filiales nacionalistas (ANV, STV, Mendigoxales), así como batallones de los partidos republicano-izquierdistas (PSOE-UGT, JSU, Partido Comunista y hasta Izquierda Republicana, que consiguió reunir algunos cientos de voluntarios junto con Unión Republicana). CNT, como era de ley, iba por libre y sus unidades militares eran la bestia negra del Euzko Gudarostea, nombre en euskera de las milicias del PNV.

Frente a profesionales experimentados como Emilio Mola y Jorge Vigón, adalides de las fuerzas nacionalistas españolas acantonadas a las puertas de Vizcaya, que dirigían una estructura militar clásica perfectamente jerarquizada, los cincuenta batallones vascos no tenían nada que hacer. Durante los nueve meses que duró el Gobierno de Euzkadi se progresó mucho en poner a miles de hombres bajo las armas, así como en vestirlos, alojarlos y alimentarlos de manera bastante correcta, al menos comparada con las condiciones que imperaban en el resto de España, pero no se avanzó apenas en convertirlos en una máquina de destrucción, es decir, en una fuerza militar efectiva. Los soldados nunca recibieron el agotador entrenamiento de meses que los transforma en robots armados, y  la organización general era inexistente (cada batallón siguió actuando en la práctica por su cuenta hasta el final). Además, el ejército vasco carecía casi por completo de aviación. El Gobierno vasco llegó a comprar un puñado de Potez 25 en lamentable estado al gobierno de Estonia, en un intento desesperado de dotarse de una fuerza aérea propia, pero llegaron demasiado tarde y tuvieron que ser desviados a Asturias, que todavía resistía el ataque nacional.

 

[48] LOS NACIONALISTAS VASCOS DURANTE LA GUERRA CIVIL (1936-1939): UNA CULTURA DE GUERRA DIFERENTE. Xosé M. Núñez Seixas – Historia Contemporánea 35, 2007
[49] DOPV, 24 de noviembre de 1936
[50] Kimri es un término desparecido del argot científico desde hace más de un siglo. Se utilizó a finales del siglo XIX para nombrar un hipotético pueblo protogermánico de bastante buena calidad racial, que habría entrado en la composición, por ejemplo, de las clases altas francesas.

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