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Uno de los dos prototipos que se construyeron del Myasishchev M-50.

 
Este impresionante bombardero nuclear supersónico resultaba demasiado caro para los planes de Jruschov de “alcanzar a los Estados Unidos” en materia de lavadoras y frigoríficos. Nikita Jruschov ordenó su fin en 1960, y que los esfuerzos dedicados a los bombarderos supersónicos se reorientaran a los misiles intercontinentales, que resultaban más baratos. Tal vez influyó la famosa “disputa de la cocina” que mantuvo con el entonces vicepresidente de los Estados Unidos Richard Nixon. Ocurrió en la inauguración de la exposición comercial norteamericana en el parque Sokolniki de Moscú, ante una cocina modelo dotada de toda clase de artilugios y robots domésticos.

Jruschov, lejos de arrugarse ante esa exhibición de poderío, anunció al mundo que no solamente no estaba impresionado, sino que esperaba que todos los hogares soviéticos contaran con esos cachivaches muy pronto. Más tarde, cuando la conversación derivó al terreno estratégico, añadió “los nuestros son mejores que los vuestros”, refiriéndose a los misiles de largo alcance soviéticos. El caso es que resultaba más fácil negociar o simplemente disputar con unos cuantos ICBMs (InterContinental Ballistic Missiles, es la jerga de la época) en la mano que con bombarderos supersónicos atómicos de dudosa operatividad.

 

 

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