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El Pilatus Porter “Yeti”, que consiguió aterrizar a casi 6.000 metros de altura en las laderas del Dhaulagiri (Nepal).

 
La iniciativa más notable de lanzamiento del Pilatus Porter fue hacerle acompañar a la expedición suiza que escaló por primera vez la cumbre del Dhaulagiri, la séptima cima del mundo, en Nepal.

Eran los tiempos de la edad de oro del montañismo del Himalaya (1945-1965), cuando se pisaron una tras otras todas las cumbres de más de 8.000 metros de altura de la cordillera, imposibles de ser alcanzadas con la tecnología de los años 1920 y 1930. Sólo en España, en 1956, cuando la editorial Juventud publicó la autobiografía de Tenzing Norgay, ya había publicado ocho libros sobre expediciones al Himalaya, con títulos sobre el Annapurna, el K-2, el Kanchenjunga y por supuesto el Everest (Chomolungma para los que viven en su región; es como llamar monte Ferdinand al Teide).
 

 
El avión de la expedición al Dhaulagiri fue bautizado Yeti, por el famoso criptohomínido que había sido varias veces borrosamente avistado en aquellas montañas. Fue la primera vez que un avión se añadía a la compleja parafernalia de una expedición montañera a la zona, que incluía toneladas de instrumental y provisiones y decenas de hombres para llevarlas, los famosos sherpas, guiados por un sirdar.

El Porter, un avión considerado inicialmente como “de montaña”, cumplió así la tradicional conexión Suiza-Himalaya, pues muchos montañeros suizos han viajado a la gran cadena asiática para practicar en sus montañas, aunque muy pocos nepaleses han viajado a Suiza para escalar en los Alpes, aparte de Tenzing Norgay.