ju290

 

 El Ju-290 Bayern, que se quedó varado en Barcelona en abril de 1945, Parece ser que el avión no llevaba el esquema clásico de colores de , sino una versión apagada y oscurecida más apropiada para vuelos nocturnos en tiempo de guerra.

 
Un gran cuatrimotor pintado de negro, procedente del Berlín a punto de ser cercado por los soviéticos, intenta aterrizar entre la niebla que cubre esa noche el aeropuerto de Barcelona. Parece un comienzo algo forzado de una novela de espías, pero ocurrió realmente, el 6 de abril de 1945. El avión, un Junkers Ju-290 de 45 toneladas, se salió de la pista y acabó en un campo encharcado con ligeros daños. Las especulaciones sobre su carga y pasaje van desde que se trataba del avión personal de Hitler, con el auténtico Guía a bordo (en Berlín se habría quedado su doble) a que era un vuelo especial cargado de jerarcas nazis, científicos nazis o documentos sobre las armas secretas nazis, o las tres cosas a la vez.

Parece probado que el gran aparato era uno de los tres Ju 290 que fueron asignados a Lufthansa, bautizado Bayern (Baviera). La escala en Barcelona era parte de la ruta habitual Berlín -Lisboa, por entonces la unica ruta de escapa que le quedaba  al Tercer Imperio alemán. Lo cierto es que no sabe nada de la carga ni del pasaje que llevaba el avión. La tripulación arregló el avión como pudo para darle un almacenamiento digno en algún lugar del aeropuerto y parece ser que se quedó a vivir en Barcelona, donde fueron localizados los mecánicos años después. El avión se quedó allí hasta mucho después del final de la guerra. Al ser propiedad legal del extinfo gobierno aleman, pasó a manos de la Comisión Aliada de control, que dictaminó que se podía vender como chatarra.

Un industrial vasco lo compró y reparó, con ánimo de vendérselo a Iberia, pero la compañia declinó la oferta pues por entonces (1948) ya podía disponer de DC-4, y un avión tan grande y complejo, desconectado además de su fuente de repuestos, aseguraba una pesadilla de mantenimiento. Los vendedores tuvieron mejor suerte con el general González Gallarza, ministro del Aire y jefe supremo del Ejército del Aire, a quien convencieron con un argumento que sacaba provecho de la rivalidad entre un viejo compartimento militar –la Armada– y el más joven, la Aviación. Si lo marinos tenían el fantástico buque escuela Juan Sebastián Elcano como símbolo, ¿no podría hacer el formidable avión alemán el mismo papel entre los aviadores?. El general quedó convencido y el JU-290 pasó a manos militares, donde fue una especie de mascota aérea durante unos pocos años, haciendo algunos vuelos muy lucidos en ocasión de grandes maniobras o viajes de fin de curso hasta su final y triste desguace, en 1953.