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IMAM (Meridionali) Ro.1 (Fokker C.V) de la fuerza aérea italiana sobre libia (1928).

 

La guerra aérea sobre la colonia italiana de Libia duró desde 1922 a 1932, y fue una parte muy importante de lo que se llamó la riconquista della Libia. Aunque las operaciones comenzaron antes de la marcha sobre Roma que llevó al poder a Mussolini, pronto manifestaron un exceso o plus de implacabilidad, dentro de la brutalidad propia de toda conquista colonial, que sólo se puede atribuir a la ideología fascista, que creía firmemente en la lucha a muerte entre las naciones y las razas.

Diez años después del fin dominio otomano, los italianos tenían ahora como principales adversarios a las guerrillas senussis, una organización política y religiosa que se fundó a comienzos del siglo XIX para –como tantas otras– devolver su fuerza y pureza primitiva al islam. Habían guerreado contra los franceses en Argelia y con los ingleses en Egipto, y ahora iban a pelear en su propio país contra los italianos.

La fuerza aérea italiana ( desde 1923) utilizó al principio material excedente de la Gran Guerra, y luego aviones como el Ro.1 (una versión con licencia del Fokker C.V, equivalente en prestaciones y apariencia al Potez TOE o el DH.9), Caproni Ca.73 (un bimotor biplano, bombardero ligero) y Ca.101 (un trimotor monoplano, el mayor avión de los que operaron en Libia). No utilizaron cazas, por ausencia de aviación enemiga, por lo que los aviones eran de reconocimiento, transporte y bombardeo, sustituyendo “a las ambulancias, a los camellos e incluso a los cañones (1)”. En esta última función, el 12 de octubre de 1924 doce bombarderos italianos volaron 370 km desde Bengasi hasta Gialo, un oasis en pleno desierto Líbico, donde destruyeron el cuartel general senussi. La aviación italiana utilizó bombas de gases tóxicos para sembrar el terror entre la población, como lo había hecho la española en el Rif.

La Tripolitania, al oeste, resultó un buen terreno para el despliegue de las técnicas avanzadas de guerra colonial: una combinación de aviones arriba y fuerzas rápidas abajo (empleando tanto dromedarios como vehículos a motor), unidas mediante la radio. El desierto árido y llano no daba muchas oportunidades  a las fuerzas rebeldes. Pero en Cirenaica, al este, en la franja costera entre Bengasi y Tobruk, en la cadena de elevaciones  conocida como Jebel el Ajdar (la montaña verde) una región de quebradas y vegetación relativamente densa del tamaño de Sicilia imponía limitaciones al dominio de los aviones y al movimiento de los vehículos. El ejército italiano sólo pudo derrotar a los senussis concentrando a toda la población del Jebel en campos de concentración en Bengasi, siguiendo el triste ejemplo de los españoles en Cuba y los británicos en Sudáfrica.

Se levantó una barrera de alambre de espino a lo largo de la frontera egipcia, que era incesantemente vigilada por los aviones. El último bastión senussi, el oasis de Cufra, a casi 1.000 km al sur de Bengasi, fue ametrallado y bombardeado por la aviación a comienzos de 1931 antes de ser ocupado por la fuerza italiana del general Graziani. El líder de la rebelión, Omar al-Mujtar, fue apresado y ahorcado en septiembre de 1931. Pocos meses después, el mariscal Badoglio anunció solemnemente la pacificación del país, que había costado cerca de 100.000 muertos (2), libios en un 90%.

 

 (1) Aeronautica Militare » Storia e Tradizione (aeronautica.difesa.it )

(2) Según la Wikipedia italiana, “Riconquista della Libia”

 

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