fokkercivspain1924

El Fokker C-IV ganó el concurso de Aviación Militar en 1923. Fue fabricado en Carabanchel (Madrid) por la casa Loring, y entró en servicio en Marruecos en 1924.

 

El 12 de julio de 1923, el general Severiano Martínez Anido, recién nombrado comandante general de Melilla, elevó a la Superioridad un proyecto de desembarco en la bahía de Alhucemas que fue desestimado por el Gobierno. Uno de los elementos del proyecto, el uso de la aviación, se describe mediante este párrafo, que resume toda la doctrina sobre guerra aérea colonial vigente en España en esa época.

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La presión aérea

De los modernos medios de combate, la aviación es el que ejerce más saludables efectos sobre el indígena. Mientras se preparan los elementos que esta operación exija y paralelamente con la acción política que se debe ejecutar ahora, es de necesidad que la aviación no cese en sus vuelos sobre las kábilas de Beni-Uriaguel y Bocoya, arrojando sin cesar en sus zocos, caseríos, ganados y siembras, el mayor número posible de bombas incendiarias, con el fin de hacer sensible nuestra superioridad con relación a aquellos. Aunque la acción de este moderno elemento de guerra parezca más teórica que real, cuando se trata de los rifeños no es así; el rifeño sueña con la guerra, principalmente con el botín; después con la lucha personal, porque ésta constituye el elemento de su vida, su religión y finalmente con la idea de apropiarse de fusiles, municiones, bombas de mano y demás efectos militares que él puede aprovechar para hacer la guerra. Con acción aérea nada de esto puede lograr, pues aun suponiendo que algún aparato pueda caer en sus manos, como caerá destrozado e inútil por poca previsíón que tenga el piloto que siempre lo podrá quemar, de nada le sirve ni ninguna ventaja le reporta a los fines que él persigue y constituyen sus ambiciones; por tanto, tiene que llegar a desvanecer sus aficiones deseos e ilusiones guerreras. Por otra parte, la acción intensa y continuada de los aviones contra sus intereses, sus amores y sus personas, contra la que el rifeño no puede defenderse, termina causándole impresión y abatimiento, desalentando su espirítu, por demás impresionable, que si por un momento en la lucha llega al delirio, con igual intensidad decae ante la impotencia, y, por último, aunque parezca un contrasentido, los éxitos que por este procedimiento se pueden conseguir siempre serán más humanitarios que los conseguidos por la lucha de hombres, pues siempre en total serán menos las bajas que en cualquier operación de choque, sobre todo para nosotros. Los bombardeos intensos y continuadas hechos por el mayor número posible de aviones, interrumpiendo el comercio, la recolección de cosechas y la vida en general del rifeño y su familia, será un arma poderosa que podrán esgrimir hábilmente los agentes políticos, de la que puede sacarse gran provecho si los bombardeos no cesan más que cuando se hayan conseguido sus misiones efectivas. La aviación, pues, debe ejercer una acción preliminar de intensa actividad bombardeando por todos los medios cuantos caseríos y lugares ocupados se encuentren, empleando, como hemos dicho, bombas incendiarias y hasta si fuese posible gases asfixiantes. Este trabajo debe hacerse, desde luego, e intensificarse durante un mes por lo menos, antes de las operaciones, escogiendo especialmente los lugares por donde han de seguir las columnas, acumulando el mayor número posible de aparatos para hacer daño y proteger el avance cuando llegue el momento de operar.

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Martínez Anido era un experto en la represión: fue Gobernador militar de Barcelona en los tiempos de la ley de fugas, ministro de la Gobernación durante la Dictadura de Primo de Rivera y ministro de Orden Público del primer Gobierno del general Franco.

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El proyecto del desembarco en Alhucemas del general Martínez Anido. Revista de Historia Militar, nº 49 (1980).

 

 

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