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Un de Havilland DH.9 del destacamento aéreo enviado a Somalia en 1920, convertido en avión ambulancia mediante la instalación de una cabina con capacidad para un herido.

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Mohammed bin Abdullah Hassan, conocido por sus enemigos como el Mulá Loco (Mad Mullah) llevaba décadas invicto en su rincón de Ogaden, una especie de tierra de nadie entre Etiopía y las partes de Somalia bajo dominio británico e italiano. En 1920 su dominio abarcaba gran parte de la Somalia Británica y se había convertido en una espina especialmente molesta para el gobierno de Londres, que había dirigido ya cuatro expediciones infructuosas contra su plaza fuerte.

El Ejército presentó un abultado presupuesto de limpieza del país somalí al Secretario de Colonias Milner: nada menos que dos divisiones (unos 20.000 soldados) y la construcción de un ferrocarril para asegurar el dominio del territorio. Milner estaba desolado, pues le parecía demasiado caro para un puñado de colinas desérticas llenas de escorpiones y no veía modo de reducir el precio. Entonces, tras alguna consulta previa, recibió otra oferta mucho más barata del barón del bombardeo Trenchard, el creador y primer jefe de la RAF en los últimos meses de la Gran Guerra.

Tras unos meses de descanso, Hugh Trenchard había sido vuelto a nombrar jefe de la fuerza aérea británica (Independent RAF), y vio en el asunto de Somalia una oportunidad única de marcar territorio frente al Ejército y la Marina, deseosos de absorber la recién nacida fuerza aérea independiente. Oficiales de la RAF fueron enviados a Berbera (actualmente la capital del estado independiente de Somaliland) para explorar el terreno, disfrazados de prospectores petrolíferos para no levantar sospechas. Se localizaron campos de aviación, que fueron despojados de piedras y abastecidos de combustible y aceite. El Ark Royal, que ya había estado en los Dardanelos en 1915, arribó con los aviones, las tripulaciones y toda la impedimenta, y en un par de semanas todo estuvo listo. La fuerza recibió el nombre de Unidad Z.

Con apenas 10 aparatos DH.9, la RAF comenzó el ataque el 21 de enero de 1920 lanzando una bomba sobre la misma tienda de Bin Abdullah (cuyas vestiduras fueron “chamuscadas”, dice el informe oficial), y a continuación acosó a sus fuerzas una y otra vez, con la ayuda inestimable de Los Fusileros Africanos del Rey y del Cuerpo de Camellos (traducción literal de las bizarras deno-minaciones originales). Los aviones servían además de enlace entre las fuerzas de tierra y el mando central, dándoles una pintura del panorama general que antes no tenían. La Unidad Z tenía como blanco principal, en un país tan ralamente poblado, las concen-traciones de ganado. El primero de febrero los aviones encontraron “un gran convoy derviche, estimado en 1500 camellos, cargados y sin cargar, 500 cabezas de ganado vacuno y 500 ovejas y cabras, que fue atacado con ametralladoras y bombas a unas cinco millas al norte de Berwaise. El convoy cayó en la más completa confusión, y huyó en desorden en dirección este (1)”. Tras la captura del núcleo de resistencia de las fuerzas de Abdullah Hassan, el fuerte de Tale, todo hubo terminado. Los aviones regresaron a Berbera el 18 de febrero.

El sucesor de Milner como secretario para las colonias, Leopold Amery (2), obtuvo el siguiente balance económico de las hostilidades: “Todo estuvo terminado en tres semanas. El coste total, incluyendo transporte para The King’s African Rifles, pagas extra para el Camel Corps y combustible para la Royal Air Force, sumó  77.000 libras: la guerra más barata de la historia (3)”. Y en una triunfante declaración en la Cámara, reveló el secreto del éxito: “Es realmente la primera vez en que el avión ha sido deliberadamente empleado como el principal elemento de un ataque y no meramente como arma auxiliar, y el resultado es, me atrevo a decir, tan sugestivo como satisfactorio” No es de extrañar que hubiera aplausos en la Cámara (4)”.

Bin Abdullah expresó su desconcierto en una carta que dirigió al gobierno británico: “Si el país estuviera cultivado o hubiera casas y propiedades, sería digno de ustedes combatir por él. Pero es sólo un desierto inculto y para ustedes de ninguna utilidad (5)”. El aparente éxito de la aviación en Somalia tuvo grandes consecuencias. Una viñeta publicada en Flight el 26 de enero de 1920 muestra a un grupo de desmayados partidarios de la “pequeña fuerza aérea” bajo la trayectoria de una bomba representando la campaña por una “gran fuerza aérea”, con la leyenda “Los aviones acabaron con la rebelión del “Mulá loco” en tres semanas”. – “Barramos a los “mulás locos” que tenemos en casa”. La decisión ya estaba tomada: Gran Bretaña sería un imperio aéreo, como lo fue marítimo durante sus dos primeros siglos de existencia.

 

1 The London Gazette, 8 November, 1920. Air Ministry. Despatch from Group Captain R Gordon, CMG, DSO, in command of the Royal Air Force Expedition to Somaliland, describing events between September, 1919, and February, 1920. Air Power Review – spring 2013.

2 (Under-Secretary of State for the Colonies, Lieut.-Col. Amery)

3 ARMITAGE, M.: The Royal Air Force – An Illustrated History. Arms and Armour ( 1995)

4 Flight, 19 de febrero de 1920

5 Oliver, R & Atmore, A.: África desde 1980. Editorial Francisco de Aguirre (1977)

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