“Italia es vuestro padre”

 

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Un Blériot XI de la fuerza aérea italiana en Libia, hacia 1912.

 

“Los aviadores italianos han sacado, en la terrible realidad de la guerra, todo el partido que se podría esperar de la nueva máquina [aérea]” –informaba L’Aerophile (1) en enero de 1912. La guerra era la conquista italiana de Tripolitania y Cirenaica, la actual Libia. En 1911 Italia pertenecía (como Alemania) a la categoría de naciones jóvenes ­–apenas medio siglo había pasado desde la Unificación– que buscaban un lugar en el sol. Sucesivas negociaciones habían repartido el norte de África entre las Potencias, y existía consenso internacional acerca de que Tripolitania y Cirenaica eran el área natural de expansión de Italia, y que Italia las ocuparía más pronto que tarde. El Imperio Otomano (a quien pertenecían oficialmente) era “el gran enfermo de Europa” y forzando un poco la metáfora era visto en realidad como un cadáver en franca descomposición. Giolitti dio la orden de comenzar la invasión apresuradamente, empujado por la crisis de Agadir de unos meses atrás, en que el dominio de Marruecos había estado a punto de adelantar la guerra entre Francia y Alemania. El contingente aéreo italiano estaba formado por once pilotos y nueve aeroplanos (dos Blériot, dos Etrich Taube, tres Nieuport y dos Farman). El dominio francés de la industria aeronáutica de la época se refleja en la proporción de marcas. Todos los aviones tenían motores de 50 HP, y su radio de acción, velocidad y capacidad de carga estaban acordes con tan pequeña potencia (2).

Los aviones desembarcaron el 15 de octubre de 1911. A finales de noviembre un contingente de aviadores civiles voluntarios del AeroClub de Italia se unió a los militares. En aquellos meses los aviadores italianos tuvieron todas las primicias que quisieron en materia de guerra aérea (3): además del primer bombardeo, el primer reconocimiento fotográfico, el primer aviador muerto durante una misión, el primer vuelo nocturno de guerra, el primer aviador prisionero, etc. También la primera operación psicológica.

En enero de 1912, los aviones italianos lanzaron octavillas con este texto: “A los árabes de Tripolitania. ¿Qué esperáis para venir con nosotros? ¿No sentís acaso el deseo de venir a orar en vuestras mezquitas? ¿No queréis vivir tranquilos entre vuestras familias? … También nosotros tenemos El Libro y somos religiosos y honrados. Italia es vuestro padre ya que nuestro país ha esposado a Tripolitania, que es vuestra madre […]”. La guerra acabó ese mismo verano, y poco después se firmó un tratado con la Sublime Puerta. Pasaría una década hasta que se volvieran a usar los aviones de guerra en Libia, pero esta vez eran mucho más potentes y mortíferos, y a partir de 1923 dirigidos por el fascismo.

(1) Les aviateurs militaires italiens en Tripolitaine. L’Aerophile, 15 de enero de 1912

(2) Roberto Colella: L’Italia e la Libia tra passato e presente. Informazione Della Difesa On line, 2012 -www.difesa.it

(3) Salvatore Mellone: La prospezione aerea nella guerra di Libia 1911-1912. Rivista Aeronautica nº 3 / 2012 (consultado en Avia and Rassegna Aeronautica, www.avia-it.com)

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