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El Blériot XI de Léonce Garnier en 1913. Garnier hizo exhibiciones aéreas en muchas ciudades españolas en 1911 antes de crear una escuela de pilotos.

 

Barcelona abrió la primera temporada de las exhibiciones aéreas en febrero de 1910, pocos meses después de la Semana Roja o Trágica. Recién llegado de Francia, el aviador Julien Mamet hizo varias exhibiciones de pago de nave-gación aérea en la capital de Cataluña. Ganó asi el catalanismo al centralismo, pues Mamet no fue a Madrid hasta el mes siguiente. En Madrid, gran parte del público descubrió que podía seguir el espectáculo gratis sin pagar la entrada que daba acceso al llamado pomposamente “Parque de Aviación de la Ciudad Lineal”, un nombre que agradó sin duda a Arturo Soria. El ilustre urbanista estaba ya próximo a la setentena, sin que su sueño ciudadano fuera otra cosa que una calle trazada con algunas pocas edificaciones a los lados.

Los constructores de aviones eran artesanos muy especializados, y sus con-ductores eran los propios inventores, profesionales del deporte procedentes de las carreras de coches y motos y algunos ricos con una reputación de aventureros que mantener. Los pilotos eran personas valerosas: ningún sindicato, ni siquiera del mortífero ramo de la minería, habría aceptado la tasa de mortalidad de los conductores de máquinas voladoras. Aproximadamente 200 de los 2.000 aviadores registrados en entre 1903 y 1913 murieron en accidente fatal.

Aquel año hubo “primeros vuelos” en varias ciudades importantes de España, por lo general con ocasión de fiestas y acontecimientos locales. En septiembre, en Gijón, se colocó una bandera de aviso en el lugar más visible de la ciudad, “Al objeto de evitar desencantos al público y viajes inútiles al aeródromo”. Las entradas eran caras, dos pesetas la más barata, casi un jornal. No se devolvía el dinero de la entrada “en caso de desgracia de los aviadores, o avería de los aparatos, o descomposición de los motores (1)”. Los aviones más utilizados en estas exhibiciones eran el Blériot XI, que se vendía como rosquillas después del famoso vuelo sobre el Canal de la Mancha en julio de 1909. Estas exhibiciones se hicieron en todo el mundo.

 

(1) Betes A. G.: El primer vuelo de un aeroplano en Asturias. Aeroplano (nº1, 1983)

 

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