Las tierras del tabaco

El tabaco es una parte muy importante de la economía regional en Extremadura y en Canarias. La primera cultiva más del 90% del tabaco que se cría en España, el resto corresponde a Andalucía con cantidades ínfimas en otras comunidades. La industria del tabaco es la más importante de Canarias, que es donde hay la mayor concentración de empresas de este diabólico sector. Al ser el tabaco una droga, legal por ahora, su economía es bastante disparatada. Su cultivo en peso y extensión tiene poca importancia comparado con cualquier otra producción agrícola, pero necesita mucha mano de obra, y hasta hace unos años Bruselas subvencionaba el cultivo con grandes cantidades de dinero.

Simultáneamente Bruselas y la Organización Mundial de la Salud en comandita iniciaban la guerra contra el tabaco, que ha visto entorpecida su compra y disfrute por los aficionados de manera increíble: ya sólo se puede comprar tabaco en estancos (monopolio del gobierno) o en máquinas que el tendero o barman debe desbloquear tras asegurarse de que el comprador tiene la edad correcta. Tampoco se puede fumar más que en casa de uno (por ahora) o en la santa calle, estando prohibido encender ni veguero ni cigarrillo en cualquier establecimiento público.

A partir de unas pocas hectáreas se crea toda una compleja economía, legal e ilegal, que hace al tabaco un producto único. Entre cultivadores, elaboradores y vendedores, casi 60.000 personas viven del tabaco en España. Pasmosa es la cifra de impuestos que pagan los diez o doce millones de fumadores que hay en España: unos 10.000 millones de euros, que dan para rescatar una caja de ahorros mediana o para pagar casi la sanidad pública en su totalidad. El tabaco tiene un robusto sector ilegal, se contrabandea mucho, tanto marcas originales que no pagan impuestos como un mundo mucho más misterioso pero que existe, las falsificaciones.

La capital del tabaco en españa es Talayuelas, en Cáceres, una ciudad en decadencia porque el consumo no cesa de bajar, mitad por la crisis y mitad por la dura campaña de demonización de este vicio, que incluye fotografías de pulmones ennegrecidos y dientes podridos, y cosas peores, en las cajetillas de cigarrillos.

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